Don Sancho nació en el seno de una familia que poseía un mayorazgo creado por sus padres, Pedro de Echeverría y Tellería, y Catalina de Orcolaga y Yrazazabal.
Ambos formaron, por aportaciones patrimoniales en el contrato de matrimonio, una hacienda que podríamos considerar de “decente”.
Pedro y Catalina tuvieron un total de 14 hijos, lo que conllevó un esfuerzo familiar en conseguir recursos con los que poder satisfacer los gastos que originaban, sin partir la hacienda que estaba amayorazgada.
Hernandez (2008)[1], defiende que el patrimonio de los Echeverría en el año de 1701, ascendía a 194.619 reales, lo que les sitúa dentro de lo que podríamos denominar “pequeña nobleza”.
Estos datos se obtienen del testamento de Pedro y Catalina, que no fue abierto hasta la muerte de Catalina, la cual debió ocurrir con posterioridad al año 1710, ya que en el expediente[2] para el ingreso en la orden de Santiago de Sebastián de Echeverría y Orcolaga del año 1710, Catalina está todavía con vida, y el notario de Rentería daba fe de que el testamento obraba en su poder, cerrado y sellado, y que sólo sería abierto cuando se produjese el fallecimiento de Catalina.
Por todo ello no es de extrañar que las rentas del mayorazgo fuesen insuficientes para tantos hijos, lo que les llevó a buscar su futuro, unos en la carrera militar, otros en la eclesiástica y otros en el comercio.
Nacimiento.
Muchos autores atribuyen la fecha de nacimiento de D. Sancho de Echeverría y Orcolaga al 10 de noviembre de 1674, cuando en realidad es la fecha de su bautizo. Se ignora la fecha de su nacimiento por no haber encontrado evidencia documental o testimonial al respecto. La fecha de su nacimiento debe corresponder, sin lugar a dudas, a uno o varios días anteriores debido a creencias religiosas de la época[3].
Así pues, podemos dar por buena la fecha de 10 de noviembre de 1674, que la mayoría de autores y biógrafos dan como fecha de nacimiento, con la salvedad expresada anteriormente.
Sin embargo, Gutiérrez Pérez (1993)[4], le atribuye la fecha de 3 de noviembre de 1674, fruto de la interpretación caligráfica que hace de la inscripción manuscrita del bautizo de D. Sancho de Echeverría y Orcolaga, en el libro de bautizos de la iglesia parroquial de Santa María de Errentería, cuya imagen se muestra a continuación.

La transcripción que hace Gutiérrez, no difiere en nada sobre la que expresa el Exp. 2571[5], salvo en la fecha. La trascripción dice:
“En tres de noviembre del año de mil y seiscientos y setenta y cuatro, yo don Juan de Olazabal Vicario perpetuo y Beneficiado de la Iglesia Parroquial de Santa María de esta Noble y Leal Villa de Rentería, bautipçe una criatura de don Pedro de Echeverría y doña Catalina de Orcolaga su legítima mujer, vecinos y naturales de dicha Villa. Los compadres fueron Mateo Ochoa de Arin y Dª Bárbara de Unanue, vecinos y naturales de la dicha Villa. Diéronle por nombre Sancho. Y para que ello conste, lo firmo. Juan de Olazabal.”
Un argumento que nos hace pensar que se trata del día 10 y no del 3, es que este texto fue leído por los instructores del mencionado expediente en el año 1679, y lógicamente, estaban más acostumbrados a leer textos con este tipo de grafía, por lo que es de suponer que no hubo error en su interpretación.
Niñez y juventud.
Poco o casi nada se sabe de esta etapa, salvo la expresada por Clonard (1851)[6] en su obra, si bien plagada de errores, como por ejemplo, el atribuir el fallecimiento de sus padres en una etapa anterior a la que realmente fue; “Fallecieron sus padres cuando Sancho rayaba en la adolescencia”, cuando ha quedado demostrado documentalmente que la madre de Sancho, Catalina, todavía vivía cuando Sancho contaba con 36 años de edad.
Asimismo, en una carta[7] de D. Sancho, fechada en 1704, dice que “En casa todos están buenos, madre y hermanos debajo de la conducta de Diego Manuel…”, lo que evidencia la falta de rigurosidad de Clonard.
Partiendo de esta base, y con la debida reserva, Clonard, en referencia a los orígenes, dice que “Nació D. Sancho el 10 de noviembre de 1674 en la villa de Rentería, provincia de Guipúzcoa, descendiente de una familia ilustre y rica; reunió D. Sancho al brillo del nacimiento y bienes, favores de la fortuna.”
Respecto a su educación y estudios realizados expresa que “Una educación esmerada desarrolló y fortificó las felices disposiciones del niño. D. Sancho amó la literatura y cultivó con fruto la poesía.”. A continuación expresa ciertas cualidades como “Bueno, afable, consecuente y pundoroso, se captó el aprecio de sus compañeros y la estimación de sus maestros”, y prosigue diciendo que “Tan pronto como terminó D. Sancho su curso de humanidades, abrazó la noble profesión militar…”
Etapa militar.
Clonard afirma que mediante “una cédula expedida por Carlos II en 12 de agosto de 1691 haciéndole merced del hábito de Santiago, se infiere que cuando contaba la temprana edad de 17 años era ya capitán.”. Estos extremos son totalmente falsos pues el expediente para la concesión del hábito de Santiago se inició en 1697, y en lo que refiere a la edad en que era capitán, Sancho en una de sus cartas[8], fechada en 1699, afirma que en dicho año lleva ocho profesando el ejercicio militar, de los cuales, los tres primeros años, lo fue como soldado aventajado; “De ocho años ha que profeso este ejercicio, los tres y medio con plaza de soldado aventajado en la armada…”
Por lo tanto, Sancho ingresó en el ejército en el año 1691, a la edad de 16 o 17 años, no llegando a alcanzar el empleo de capitán antes de 1694 o 1695.
La primera referencia documental encontrada en la que se le atribuye el empleo de Capitán, es en 19 de agosto de 1697, fecha en que se firma la solicitud para el ingreso en la orden de Santiago del “Capitán D. Sancho de Echeverría…” mediante el documento descriptivo de su genealogía.
Llegados a este punto, vamos a inclinarnos a dar mayor veracidad a los hechos que Sancho expresa en sus cartas, dejando en un segundo plano lo que cuenta de él Clonard.
En una carta dirigida a su hermano Sebastián, fechada en Ceuta el 13 de octubre de 1699, Sancho le hace una relación de su vida, circunstancias y hechos en el ejército, prácticamente desde su ingreso hasta 1699; “Y por lo que me ynstas te de quenta [..] tragedias, haré una breve relación.”.
Entre los años 1691 (fecha de ingreso en el ejército) y 1693, Sancho cuenta que hizo algunas campañas en Cataluña e Italia, volviendo a Cádiz con la armada.
En 1693, Sancho se encontraba en la guarnición del presidio de Gibraltar. Ese mismo año, se unió a un tercio de nueva creación, pasando a Cataluña y participando en la batalla del río Ter (27/5/1694), siendo derrotado. Su tercio se replegó en la plaza de Gerona que inmediatamente fue sitiada por el ejército francés. Tras la derrota y capitulación de Gerona (29/6/1694), pasó a la frontera de Aragón, y una vez allí, recibieron la orden de pasar a Toledo.
Estuvo en Toledo con su unidad todo el invierno hasta el mes de marzo de 1695, fecha en la que fue elegido junto a otros para desplazarse a Gibraltar para “recoger” a gente de Córdoba que se alistaba para el tercio.
Durante este invierno, Sancho aprovechó para desplazarse a Madrid en numerosas ocasiones, dada su proximidad, para poder ver y estar en compañía de sus hermanos Diego Manuel, María y Francisco, que en ese período se encontraban en la Capital.

(Sultán Mulay Ismaíl)
Sancho tenía ordenado pasar a Cataluña con su unidad para la próxima campaña, pero ante el sitio de Ceuta (23/10/1694 – 22/04/1727), o sitio de los treinta y tres años, ejercido por el sultán de Marruecos Muley Ismaíl, cuyo reinado abarcó desde 1672 hasta su muerte el 22/03/1727, se dio la orden a los tercios que se encontraban en Toledo, el dirigirse a Ceuta.
Llegaron a dicha plaza el 20 de mayo de 1695 y Sancho permaneció en ella, sitiado, al menos hasta el 13 de octubre de 1699.
Sancho nos cuenta que el día de San Ignacio (posiblemente el 31 de julio) de 1695, las tropas sitiadoras se hicieron con la fortificación exterior por algún descuido que hubo en un punto, volviéndose a recuperar “milagrosamente” con muchas bajas enemigas. Las bajas propias fueron de unos 200 hombres, entre ellos, el general de batalla don Gerónimo Marín, dos sargentos mayores y cuatro capitanes de diferentes tercios.

Esta recuperación, cuenta Sancho, fue una victoria moralizante unida a posteriores salidas atacando a los sitiadores en sus propias trincheras.
También relata cómo utilizaron más de 90 hornillos[9] para evitar el avance enemigo mediante trincheras, y evitar la utilización de minas enemigas utilizadas para hacer brecha en las murallas.
Sancho se queja en su carta del tiempo que lleva con el sitio “En tiempo de tres años que dura esto…”, y también de lo cortas que son las pagas que recibe. Se lamenta el no poder ayudar a su padre que, según dice, “en medio de los muchos ahogos en que se halle nuestro padre”, justificando que estos ahogos son principalmente debido a los gastos que conlleva “el de tener tres hermanas nuestras casadas consigo mismas, sin estado ni aparienzias de que llegue el caso, y hallarse continuamente con el gasto de Madrid y los colexiales”.
Esta declaración confirma en parte que las rentas del mayorazgo, no eran lo suficientemente amplias como para mantener a tanta familia. No obstante, Sancho reconoce que ha recibido de su padre algunos socorrillos para atender algunos empeños de los bastantes que tiene.
En otra carta[10] fechada en la Habana el 12 de enero de 1701, Sancho relata que en 1700, salió de Cádiz embarcado en uno de los bajeles de la escuadra[11] del almirante general don Pedro Fernández de Navarrete[12], junto con su compañía, para desalojar a los escoceses que “infestaban” el Darién.
Cuenta que la acción de Darién[13] fue ejecutada por el entonces gobernador de Cartagena, don Juan Pimienta. Dice asimismo que “de esta ysla que va para un mes nos hallamos en ella”, refiriéndose a Cuba, y que esperaba embarcar rumbo a España el día 13 o 14 de enero de 1701.

de Panamá
En otra carta de Sancho[14], fechada en 1704, dice que lleva dos años de “peregrinaciones”, refiriéndose a las diferentes campañas que había realizado en ese período.
Dice que “…no he estado en paraje de poder comunicarme con los amigos que pudieran havisarme de las ocasiones más oportunas para ese reino pues apenas se acabó la función de exterminar a los yngleses de las costas de Andalucía adonde me hallé, pasé a la Corte…”. No entra en detalles sobre su participación en la batalla de Cádiz (1702).

En realidad fue un sitio a la ciudad Cádiz. Una flota y un ejército anglo-holandés se presentaron frente a Cádiz el 23 de agosto de 1702 y la asediaron aproximadamente un mes. La defensa corrió a cargo del Marqués de Villadarias.
La participación de Sancho es mencionada en el texto de Clonard, en el que dice:
“El príncipe de Darmstad, que dirigía la expedición, dispuso que se verificase el desembarco entre Rota y el castillo de Santa Catalina, punto este de la mayor importancia como llave principal del fuerte. Brilló por primera vez defendiéndole el valor de D. Sancho de Echevarría, quien conduciendo una manga del tercio viejo de la armada, en unión con otros capitanes y el sargento mayor de los verdes D. Manuel Narváez, rechazó vigorosamente los reiterados ataques del enemigo, aguantando con impavidez el fuego que este hacía desde sus naves, y logrando no solo conservar y fortificar el castillo, sino que también inutilizar 20 lanchas de desembarco. Pero las fuerzas del general Villadarías eran insuficientes para contener el ímpetu de los enemigos, y precisado aquel a replegarse al Puerto de Santa María, lograron estos desembarcar y apoderarse de Rota. No abatió esta desgracia a los valientes defensores de Santa Catalina: antes tomando solo consejo de su intrepidez, se propusieron caer sobre los anglo-holandeses, y lo realizaron con tanta gloria como fortuna, matando 100 hombres y obligando a los demás a ponerse en precipitada fuga, persiguiéndolos hasta la vista de Rota. Sobresalió en este trance Echevarría, guiando a sus soldados al peligro, más con el ejemplo que con la voz, y mostrando en la retirada esa prudencia exquisita, que siendo la garantía del valor, es también la prenda más segura de la victoria. Alboreada apenas el día 1º de septiembre de 1703 cuando el enemigo rompió el fuego contra Santa Catalina con cinco lanchas cañoneras. Contestó acertadamente la artillería del castillo, sosteniéndole hasta las once de la mañana, hora en que el ejército combinado emprendió su marcha al Puerto de Santa María, alejándose también las bombarderas. El marqués de Villadarías tampoco pudo sostenerse en el Puerto, y se dirigió a Jerez seguido de 1.300 hombres, dando previamente orden a los defensores de Santa Catalina para que se incorporasen a su división. Eran estos en número de 3.000 hombres, soldados aguerridos que habían sostenido el honor de las armas españolas en aquella breve campaña; pero al emprender su marcha obedeciendo la orden de Villadarías, se vieron tan estrechamente flanqueados por los anglo-holandeses, que la resistencia solo era medio de alcanzar una muerte cierta e infructuosa. Hubo, pues, de rendirse, quedando con el carácter de prisioneros, aunque lo fueron durante bien poco tiempo, pues se verificó su canje el 27 de septiembre a propuesta del enemigo.”
Según deja entrever Clonard, Sancho fue apresado, aunque este extremo es dudoso pues, el propio Sancho, no cuenta nada de ello en sus cartas. Cabe la posibilidad de no querer mencionarlo intencionadamente para no hacer sufrir a su madre y hermanos, ante una vida militar tan llena de peligros.
En otra obra de Clonard[15] (1856), referida al historial del Regimiento de Córdoba (antiguo Tercio Viejo de la Armada Real del Mar Océano)[16], cuenta algo más sobre la participación de Sancho en el sitio de Cádiz:
“1702. De Cádiz partieron cuatro compañías para socorrer la plaza del Peñón, estrechamente cercada por lo árabes. Verificose el desembarco bajo el fuego de los enemigos, y no obstante, estas intrépidas compañías condujeron a brazo desde los buques algunas piezas de artillería para colocarlas en los muros de aquella plaza. Permanecieron en el Peñón durante algunos meses, y reembarcándose después (10 de agosto) para Cádiz, fueron a reunirse con la masa principal del cuerpo que continuaba en la misma población. La liga de las grandes potencias europeas, provocada por el Austria, utilizada por la Inglaterra, y sostenida por la Holanda, empezaba a causar serias inquietudes a la nueva dinastía española. La escuadra anglo-holandesa apareció súbitamente entre Rota y el puerto de Santa María, y como podía temerse con fundamento que arrojara en tierra fuerzas considerables, dispuso el capitán general de Andalucía marqués de Villadarias, que las mangas de arcabuceros pertenecientes a Córdoba, mandadas por los capitanes D. Sancho de Echeverría y D. Juan Antonio Alemán, fuesen en unión con otras tropas a guarnecer el castillo de Santa Catalina del puerto. Debióse sin duda a esta precaución el que aquella fortaleza no cayera por el pronto en poder de los enemigos, a pesar del vivo fuego que contra la misma fulminaron. No pudo empero impedir que los aliados verificasen su desembarco, y como entonces la situación de Santa Catalina era casi insostenible, Villadarias ordenó que evacuasen este punto las tropas allí reunidas, dirigiéndose al titulado los Cañuelos con el objeto de impedir la aguada a la marinería contraria. Llenaron bien su cometido los arcabuceros, y sembrando con sus atinados disparos el terror y la muerte entre los que intentaban llenar pipas, les obligó a desistir de su faena, con no pequeña pérdida. Estos esfuerzos resultaron impotentes para salvar el puerto de Santa María, en el que lograron instalarse los aliados. En esta extremidad Villadarias pronunció su movimiento vía de Jerez; seguíale el tercio de Córdoba, mas como las mangas de arcabuceros pretendiesen reunirse a su cuerpo, fueron sorprendidas, asaltadas y envueltas por los holandeses, quedando prisioneras tras infructuosa resistencia. Templó lo aciago de su suerte la circunstancia de haber propuesto un cange el general enemigo, pues aceptado y realizado puedieron aquellas tropas volver al seno de su cuerpo. Reconcentrado Córdoba en el campo de Buenavista, Villadarias recobró audazmente la ofensiva, cayó sobre los aliados que estaban en el puerto bien distantes de pensar en un ataque tan vigoroso, les desalojó de este punto (27 de septiembre) experimentando la dulce y doble satisfacción de conseguir el ascendiente moral y de purgar de enemigos aquella costa interesante. Luego que los anglo-holandeses se reembarcaron al través de las balas de la arcabucería cordobesa, el veterano tercio entró en Cádiz para dar su guarnición.”
Retomando la carta de Sancho de 1704, nos relata otros servicios prestados. En septiembre de 1703 realizó un servicio de escolta hasta principios de abril de 1704: “En este medio se ofreció el accidente de estar de partida para la embajada de París nuestro duque de Alba por septiembre del año pasado. Y haviendo salido a acompañarlos algunos tránsitos de Madrid gustaron sus excelencias los acompañase hasta París como lo ejecuté, manteniendome en aquella Corte hasta principios de abril de este año…”
En esas fechas, Sancho partió para Madrid para incorporarse a la guerra de Portugal: “haviendo tomado cuerpo el rompimiento de la guerra de Portugal y salido nuestro rey en campaña me fue preciso tomar postas y llegar en poco más de 7 días a Madrid que son muy cerca de 300 leguas”
Aprovechando su viaje de vuelta, pasó por Rentería (por ser lugar de postas) y pudo ver durante unas horas a su madre y hermanos. Una vez en Madrid, partió para Extremadura, recibiendo en abril o mayo de 1704, el grado de Coronel: “Partí luego a Extremadura donde hice la campaña de voluntarios cerca del rey y a la retirada asistí a la toma de Casteldevide que fue a principios de […] del regimiento de sus guardias dándome juntamente el grado, sueldo y ejercicio de coronel.”
En agosto de 1704, Sancho se incorporó a las Guardias Reales: “llegamos por agosto con su Magestad a Madrid donde entramos las guardias çerca de su persona en palacio”.
En septiembre de 1704, Sancho parte con el Regimiento de Guardias Reales para recuperar la plaza de Gibraltar, ocupada por los ingleses el 6 de agosto de 1704: “haviendo hecho los enemigos desembarco de armadas en estas costas y ganándonos a esta plaza de Gibraltar para donde se puso en marcha a últimos de septiembre el regimiento como de la primera confiança del rey para atacar a estos enemigos antes que tomasen pie con más fuerza. Yo corrí la posta con el señor conde de Aguilar, señor de los Cameros, coronel mayor de este regimiento, teniente general de los ejércitos del rey y director general de la ynfantería por haver ajustado su excelencia el que le acompañase. Y haviéndose dado las providencias precisas para esta función se abrió el ataque a la plaza la noche 21 del pasado con un número muy corto de tropas pues además de no llegar a 6000 ynfantes la mayor parte son visoños aunque es verdad nos entró un refuerzo de 3000 hombres de las tropas de la marina franceses con lo que no se duda mediante Dios en la recuperación de esta plaza de tantas consequencias y adonde experimentarán el último desengaño de sus aprensiones fantásticas haviendo a la hora de esta establecido nuestras baterías que constan de 32 cañones de a 24 y 36 libras de bala con que se logrará dentro de pocos días poner en estado la fortificación quitadas sus defensas de que nos alejemos en la estrada encubierta donde me persuado capitularán los enemigos sin esperar al asalto pues no siendo su guarnición más de 2000 hombres se considera muy menoscavados y trabajada del mucho fuego que se les ha hecho durante este sitio. De nuestra parte a havido algunos muertos y heridos y al fin de este suceso te avisaré más por extenso de todo de la operación.”

del año 1705.
El desenlace fue que a finales de ese mismo año de 1704 tropas hispano francesas ponen sitio a la ciudad pretendiendo sin éxito tomarla por las armas. La posesión británica sería reconocida en el Tratado de Utrecht en 1713, que puso fin a la guerra.
En la parte final de la carta de Sancho de 1704, aporta información sobre el estado de las rentas familiares, y de las penalidades económicas pasadas por Sancho.
Describe los gastos y empeños que le han ocasionado sus andanzas y que la renta que le pasaba su padre, fallecido en estas fechas, las recibe con bastante retraso: “no puedo dejar de arrojarme a deciros me hallo al mismo tiempo de tantas andanzas en la que dejo a tu consideración los gastos que abré tenido y tengo y por consequencia tus empeños que abre contraido para un pasar decente, pues no devía dudar que además de los atrasos que experimentamos en los últimos años de la vida de nuestro buen padre […] de substentarse la Casa con su muerte”
Se lamenta de su muerte, y del declive de la actividad comercial familiar, que llegó a tener varios navíos para el comercio, y que su hermano mayor, Diego Manuel, intentaba remontar: “al haver perdido un tan gran director como nuestro padre se ha seguido la pérdida de flota que alcanzó alguna cantidad y luego que no puede ser por más que se aplique tan grande la actividad de nuestro hermano mayor que pueda suplir la de nuestro padre junto con su gran representación”.
Sancho reconoce el haber pedido prestado cierto dinero, y una pérdida de un cargamento de tabaco con el que pretendía hacer negocio: “hoy en dia no tengo otro asilo que el vuestro de que me valí a más no poder en Madrid antes que pasara a París y consierando a esto mismo nuestro amado Zarco me socorrió con 200 pesos en diferentes ocasiones para vestirme, además de los 200 doblones que con gran fineza remitió para la solicitud de ambas mercedes de hábito y saldrá la de Perico sin duda como la tuya aunque se dilate por razón de estas revoluciones por la confianza con que vivo del amigo que ynterviene en ellas. Y en fin yo respondo que ella en todos tiempos y de lo que se ofreciere en adelante, fiando en Dios de verme en paraje de poderlo hazer. Y en medio de mis trabajos creo a estas horas estar muy aliviado con la venida de Buenos Aires de mi amigo el capitán de mar y guerra don Bartolomé de Urdinso quien tuvo la desgracia de haver encontrado en los cavos de Santa María a 5 navíos de Olanda con los que haviendo peleado con su navío solo se halló precisado entre los dos peligros de elegir el varar en la costa de Portugal por no saber si estaba rota la guerra y por no entregarse a enemigos ya descubiertos con que en esto huve de perder más de 900 doblones prozedido de unos tabacos que traje de la Habana quando mi viaje y un poco de hierro de casa.”
Sancho pide a sus hermanos que paguen su deuda, ante las penurias económicas que pasa, justificando que “de dármelo prestado con la obligación de responder a ello con los quatro terrones que me tocaren”, refiriéndose a las rentas o herencia futura, esgrimiendo el argumento de que “bastara con lo que hasta la fortuna me diere en mi ejercicio, a esto me obliga hermanos en lo tener por ahora lo preciso para mantener aquella decencia con que nacimos y lo que es menester para el estado en que me hallo para lo que no basta el sueldo presente”
[1] HERNÁNDEZ RUANO, Javier. Los primeros patronos de la Capilla de la Mare de Déu d’Ermitana. Revista Peñiscola ciudad en el mar, núm. 155. Septiembre 2008. (pp. 29-31)
[2] AHN. OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp.2572.
[3] Bajo el dictamen del Concilio de Trento (1545), sobre el bautismo, todos aquellos que eran bautizados, recibían el perdón de Dios, en referencia al pecado original, y por lo tanto, nada podía impedirles la entrada en el cielo, o la interpretación en sentido contrario; un alma no bautizada tenía cerrada la puerta de los cielos.
[4] GUTIÉRRREZ PÉREZ, Jesús. (1993). Un Sancho renteriano gobernador de una ínsula. Revista OARSO, nº 28, 1993, pp.74-75. Astigarraga (Gipuzkoa): Michelena artes gráficas, S.L.
[5] AHN. OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp.2571.
[6] CLONARD, Conde de. Biografía del Mariscal de Campo D. Sancho de Echevarría. La Revista Militar, tomo IX, (1851). pp. 466-473 y 530-545.
[7] Carta de Echeverría a su hermano Sebastián, (1704), en: The Yale University Collection of Latin American Manuscripts, The Spain Collection, part 3, unit 1, reel 3, HM 249, s.f.
[8] Carta de Echeverría a su hermano Sebastián, (1699), en: The Yale University Collection of Latin American Manuscripts, The Spain Collection, part 3, unit 1, reel 3, HM 249, s.f.
[9] El hornillo era una caja de madera repleta de llena de pólvora y bombas, que se enterraba bajo algún punto de paso u obra exterior de los sitiadores, y que, al posicionarse sobre él, se le prendía mecha explosionando con gran violencia.
[10] Carta de Echeverría a su hermano Sebastián, (1701), en: The Yale University Collection of Latin American Manuscripts, The Spain Collection, part 3, unit 1, reel 3, HM 249, s.f.
[11] AGI. PANAMA, 243, L.2, F.87R-105R. “Mando de la expedición contra los escoceses del Darién”
[12] AGI. PANAMA, 243, L.2, F.87R-105R. En esta Real Cédula concedida al conde de la Monclova [Melchor de Portocarrero], virrey del Perú, comunicando las providencias que se han tomado para la expulsión de los escoceses del Darién, se establece que se disponga una escuadra compuesta de la capitana real de la Armada del Océano, cuatro navíos, un patache y dos galeones, con una tripulación de al menos 2000 hombres; que la escuadra vaya a cargo de Pedro Fernández Navarrete, almirante general de la Armada del Océano; que entre tanto sale dicha escuadra vaya a Tierra Firme un navío de socorro con dos compañías de infantería, granaderos e ingenieros militares, armas y municiones, y que se dará permiso de corso a los vizcaínos. Se le comunica que toda la operación se pone bajo su mando, para lo cual se le prorroga su cargo durante tres años más y se le envía un despacho en blanco para que pueda designar a persona que lo sustituya en el gobierno del Perú mientras él se ausente. También se le envían patentes en blanco para un maestre de campo general, un general de la artillería y un sargento general de batalla, en la elección de cuyos cargos se le sugiere tenga presente a Martín de Zavala. Que se previene de esto al virrey de México para que le asista, y que se ordena también a los presidentes y las audiencias de Santa Fe, Panamá y Guatemala que obedezcan sus órdenes. Al presidente de Panamá se le ordena asimismo fortifique el castillo de [San Cristóbal de] Chepo, que está en la banda sur del Darién, por donde en otras ocasiones han entrado piratas.
[13] El Proyecto Darién fue una tentativa fracasada por parte del Reino de Escocia de establecer a una colonia llamada “Nueva Caledonia” en el istmo de Panamá. Esta se realizó en dos expediciones; la primera el 14 de julio de 1698 con un total de 1200 colonos, y la segunda el 30 de noviembre de 1699 con 1300 colonos. Esta “invasión” sobre territorio español, hizo que en marzo de 1700 comenzase el asedio, rindiéndose los colonos en abril de 1700. En menos de dos años todo había terminado. Del total de 2.500 sólo sobrevivió un centenar, debido en gran parte a la travesía, enfermedades y combates.
[14] Carta de Echeverría a su hermano Sebastián, (1704), en: The Yale University Collection of Latin American Manuscripts, The Spain Collection, part 3, unit 1, reel 3, HM 249, s.f.
[15] CLONARD, Conde de. Historia orgánica de las armas de infantería y caballería españolas. Tomo VIII. Imprenta del Boletín de Jurisprudencia. Madrid (1856). pp. 298-299.
[16] Véase el historial del actual Regimiento Acorazado «Córdoba» X.
Vicente Oms Llaudís
Artículo publicado en el suplemento especial 4 de la revista cultural Peñíscola, (septiembre – 2016)

