A lo largo de siglos en el Reino de Valencia, la horca fue una de las penas capitales más frecuentes. En este contexto histórico, Peñíscola tuvo su propia horca. Aunque no se han hallado documentos detallando juicios, condenas y ejecuciones, sí se ha logrado identificar el lugar exacto donde alguna vez estuvo erigida.
CONTEXTO HISTÓRICO.
La imposición de la pena de muerte mediante la horca en el Reino de Valencia abarcó desde los siglos XIII hasta el XIX, iniciándose durante la reconquista bajo el reinado del rey Jaime I.
Un claro ejemplo documentado de este hecho es la conquista de La Yesa (aldea de Alpuente) por parte de Jaime I en 1236, que la entregó en 1238 al caballero Juan de Auñón, con los fueros de picota y horca. Esto suponía la capacidad de ajusticiar las penas de muerte mediante la horca, y posteriormente exponer sus cuerpos, en ocasiones desmembrados, en las picotas según los casos, o bien, utilizar éstas como exposición y vergüenza pública como penas corporales no capitales.
Durante este período, la forma en que el Estado castigaba a las personas era un método eficaz para que el absolutismo de la Monarquía pudiese demostrar su autoridad. Esto se hacía a través de castigos duros y desiguales, donde los jueces tenían mucha libertad para decidir las penas. Se usaban castigos físicos severos, como la pena de muerte, mutilaciones y azotes, además de penas que privaban de libertad, como las galeras y trabajos forzados. También se aplicaban penas que afectaban la reputación y confiscación de bienes, junto con multas.
Un ejemplo claro de un castigo duro y desigual lo hallamos en 1438 mediante una orden real dirigida a los oficiales reales para proteger el puente sobre el río Mijares, situado entre Rubielos y San Agustín, de los destrozos causados por desconocidos, castigando a dichos malhechores con la amputación de la mano derecha o la muerte en la horca, y que a este fin sean construidas horcas en el puente.
Los delitos castigados con la pena de muerte a lo largo de este período, en líneas generales fueron los de bandolerismo, asesinato, falsificación de moneda y documento público, robo, lesa Majestad, revuelta, sodomía, bestialismo, herejía y blasfemia, rapto, violación, piratería, etc.
Las formas de ejecución eran diversas y algunas de ellas, se complementaban con otras. En líneas generales fueron la horca; incineración; incineración en estatua; degollamiento; garrote; arrastramiento y horca; arrastramiento, horca y descuartizamiento; horca y descuartizamiento; horca y decapitación; tortura y horca; Tortura y hoguera, etc.
Una lectura a las fuentes consultadas, sin duda, ofrecen una visión más cruel e inhumana del poder establecido para impartir justicia, con relatos espeluznantes, convirtiéndose las ejecuciones en verdaderos espectáculos populares, según el período.
Asimismo, cabe mencionar otro factor determinante en las penas de muerte en este período; la creación e instauración del Tribunal de la Inquisición. Si bien fue fundado en 1163 tras el Concilio de Tours, las penas de muerte por herejía comenzaron a llevarse a cabo a partir de 1172; de hecho, el modo en que se ejecutaban estas penas era mediante la muerte en la hoguera. En el Reino de Valencia, en la centuria del siglo 1450-1500, sólo en la ciudad de Valencia, fueron ejecutadas en la hoguera 328 personas lo que suponía un 44,5 % del total de las 737 ejecuciones a muerte. Asimismo, a lo largo del siglo XVII, fueron ejecutadas unas 1200 personas, de las cuales tan sólo 23 lo fueron en la hoguera; del resto, 802 fueron ejecutadas en la horca, por lo tanto, las penas de muerte en la hoguera fueron decayendo hasta la abolición del Tribunal de la Inquisición en diciembre de 1808.
Extrapolando estos datos de Valencia, debido a la falta de pruebas documentales de ejecuciones en la horca de Peñíscola y considerando una población diezmada por guerras y epidemias, es probable que las ejecuciones fueran escasas. No obstante, las guerras y revueltas sucesivas podrían haber aumentado el número de ajusticiados, especialmente durante el período en que Peñíscola fue un presidio, aumentando la posibilidad de ejecuciones por condenas a muerte.
EL MONTE DE LA HORCA IDENTIFICADO EN LA CARTOGRAFIA
En la toponimia local actual no figura el monte de la horca o de las horcas, o bien, la muntanya de la forca o de les forques.
La última mención toponímica de esta denominación se encuentra en varios planos de principios del siglo XIX, la mayoría de ellos elaborados por el ejército francés. El más antiguo data de mediados del siglo XVIII (1756) por por D. Juan Bautista French y que tiene por título “Plano de una parte del Rezinto de la Plaza de Peniscola que demuestra el parage donde conbendra mas bien cituar el Almazen Provicional de Polvora”. (figura 5).


Leyenda “D. Monte llamado de la Horca”

Ubicación de la leyenda “D”
Sin embargo, el hallazgo de un plano, presuntamente datado antes de 1706, año en que el Convento de los Trinitarios fue demolido al inicio de la Guerra de Sucesión, presenta una representación visual de una horca con un individuo ahorcado. Es altamente probable que el autor de dicho plano fuese testigo de esta escena. (figura 6).

Mapa anónimo dibujado a mano de una sección de aproximadamente 25 millas de la costa valenciana / catalana, al sur de la desembocadura del río Ebro, probablemente dibujado por un hábil ingeniero militar francés. Dibujado en fecha anterior a 1706.
Si se amplía el plano a la zona de la población de Peñíscola, se puede apreciar la representación gráfica del Convento de los Trinitarios, y el dibujo de una horca y un ahorcado en ella. (figura 7 y 8).


La posición precisa actual del mencionado monte de la horca es la elevación que rodea la calle de Cuba (figura 9 y 10). Su ubicación estratégica permite ser avistada desde la fortaleza, destacando el contraste de fondo que ofrece el cielo, cumpliendo así su función como advertencia y escarmiento.


En aquel periodo, era habitual encontrar representaciones gráficas de ahorcados en documentos. Un ejemplo de esto se evidencia en el expediente condenatorio de 1606 contra Juan García (descrito como esclavo negro), donde se incluyó un dibujo del ahorcado en el propio documento. (figura 1 y 2).

Portada del proceso expediente de 1606 contra Juan García (descrito como esclavo negro)

Detalle de la representación
Otro documento en el que aparece una representación similar es el de un ahorcamiento múltiple datado en 1556. (figura 3 y 4).

Expediente de ahorcamiento múltiple fechado en 1556

Detalle de la representación dibujada en el expediente
PEÑISCOLANOS EJECUTADOS
En las fuentes consultadas, tan sólo durante el siglo XVII, se han hallado 5 personas naturales o procedentes de Peñíscola que fueron ejecutadas en Valencia, concretamente entre los años 1624 y 1653.
- Persona de Peñíscola sin identificar ejecutada en la horca en Valencia el 27/09/1624.
- Gabriel Aiça (Ayza), ejecutado en la horca de Valencia por bandolerismo el 07/08/1631.
- Nicolau Segarra, ejecutado en la horca de Valencia por bandolerismo el 01/09/1653.
- Francesc Baldoví, ejecutado en la horca de Valencia por bandolerismo el 01/09/1653.
- Pere Joan Baldoví, ejecutado en la horca de Valencia por bandolerismo el 01/09/1653.
No está claro si estas personas llevaron a cabo sus acciones delictivas en las proximidades de Valencia y, como consecuencia, fueron detenidas y ejecutadas allí, o si, por el contrario, fueron apresadas en Peñíscola y trasladadas a los tribunales de Valencia, donde se llevó a cabo su ejecución.
LA PICOTA DE PEÑÍSCOLA
Se baraja la posibilidad de que, en el pasado, dentro del término municipal de Peñíscola y, con alta probabilidad, en el interior de su fortaleza, existiera una picota.
Era muy común que estuviese ubicada cerca de un lugar destacado y concurrido (iglesia, plaza mayor, etc). Las picotas y los rollos de justicia tenían diferente carácter; el carácter de la picota era penal y el del rollo era jurisdiccional. Ambas consistían en una columna de piedra u obra, más o menos ornamentada, sobre las que se exponían los reos a la vergüenza pública en los casos de penas no capitales, entre ellas, los azotes, mutilaciones, lesiones de miembros, etc. En contraposición, se han documentado la existencia de picotas ubicadas en cruces de caminos o lindes de las poblaciones, en las que se exponían las cabezas o cuerpos, en ocasiones desmembrados, de los ajusticiados a pena de muerte para escarmiento y aviso.
En líneas generales, las picotas se levantaban por privilegio o autorización real. Ello conllevaba el nombramiento del justicia y demás cargos públicos, el deslinde y amojonamiento del término del municipio y el alzamiento del símbolo jurisdiccional, el rollo.
En el caso que nos ocupa, pese a que estamos hablando de los siglos XIII al XIX, no se ha hallado documentación sobre este tipo de penas ni alusión a las mismas, ni tampoco la creación de picota o rollo, teniendo en cuenta la pertenencia de Peñíscola en este período a diferentes señoríos, órdenes religiosas y coronas. El único vestigio que ha llegado hasta nuestros días, y que reúne ciertas características (cruce de caminos de acceso a la población) que pudiera haber sido empleado como picota o rollo en tiempos, es el denominado la creu. (figura 11).

Su construcción es inmemorial. Destruida por un rayo en 1910, fue construida de nuevo, y finalmente, se ha logrado reconstruir la cruz original con fragmentos de la misma, datados de finales del s. XV, atendiendo a su estructura y detalles decorativos exclusivamente.
Ante los más de 250 años existentes entre la conquista de Peñíscola por Jaime I y la datación del crucero original, se plantea la incógnita de si pudo haber sido utilizada como picota o rollo.
FUENTES CONSULTADAS:
ADELANTADO SORIANO, Vicente, «La pena de muerte como espectáculo de masas en la Valencia del Quinientos», en José Luis Sirera Turó (Ed.), Estudios sobre el teatro medieval, Valencia, Universitat de València, 2008: 15-24.
AGS. Sgnatura: MPD, 07, 207. Ubicación Anterior: SGU, 03482
ARV. ES.462508.ARV/RC Div//RC Div : Real Cancillería, núm. 267, f. 139v. fecha 1438-06-10. Título «Protección de un puente sobre el río Mijares».
ARV. ES.462508.ARV/621.Dib//Gobernación, Procesos criminales, caja 4475, exp. 1515. Fecha 1606. Título «Esclavo ahorcado».
ARV. ES.462508.ARV/621.Dib//Real Audiencia, Procesos criminales, caja 7, exp. 56, fol. 1. Fecha 1556. Título «Ahorcados».
CATALÁ SANZ, Jorge Antonio, PÉREZ GARCÍA, Pablo, «La pena capital en Valencia (1450-1500): cifras, espacios urbanos y ritualidades funerarias de la Cofradía de Inocentes y Desamparados», Revista de Historia Moderna, n.º 39 (2021), pp. 272-334, https://doi.org/10.14198/RHM2021.39.10
CATALÁ SANZ, Jorge Antonio, PÉREZ GARCÍA, Pablo, «La pena capital en la Valencia del XVII» pp. 203-246.
CATALÁ SANZ, Jorge Antonio, PÉREZ GARCÍA, Pablo (2022). «Espacios y paisajes del horror en la Valencia moderna (siglos XV, XVI y XVII)». Cuadernos de Geografía, 108-109 (1), pp. 445-460. https://doi.org/10.7203/CGUV.108.23731
MATEOS SANTIAGO, José Francisco. «Las Penas en el Antiguo Régimen Español». Universidad de Valladolid, Facultad de Derecho, julio de 2014.
PÉREZ DUBÓN, Joaquín. «Resumen Geohistórico de La Yesa». Comarcas de la Región Valenciana: La Serranía. Ediciones Valencia Cultura.
SALVADOR ESTEBAN, Emilia. «Tortura y penas corporales en la Valencia foral moderna. El reinado de Fernando el Católico». SIMÓ CASTILLO, J.B. «La primitiva Creu de Terme». Revista Peñíscola Ciudad en el Mar, núm. 44 (septiembre 1979), pp. 11-13.
Vicente Oms Llaudís
Artículo publicado en la revista cultural Peñíscola, número 217 (abril – 2024)

