Anticolérico herbáceo

La hierba usada como anticolérica en esta ciudad desde el 25 del próximo pasado julio, es la llamada mastranzo o menta selvática del Dioscórides, conocida en este terreno con el nombre de herbasana borda, de cuyo uso y primeros felices resultados, se dio cuenta a la Junta Provincial de Sanidad de Castellón en 28 del propio mes.

Uso. Se emplea exterior e interiormente, siendo mejor en el estado tierno que seca: exteriormente, en forma de cataplasma, hecha con una media onza de sus tallos y hojas, bien machacada, sola y sin mezcla alguna, debiéndose cuando esté seca humedecerla con un poco de agua del cocimiento de la misma: interiormente, se hace una decocción ligera de media dracma, también de sus tallos y hojas, en un par de tazas de agua.

Aplicación. A todo enfermo indistintamente atacado del cólera morbo-asiático, se le manda meter en la cama indispensablemente, y sin que se descuiden los medios externos, que el médico debe ordenar según las circunstancias de los casos; se le da una fricción seca en todo el epigastrio o boca del estómago, en donde seguidamente se le aplica la cataplasma indicada, haciéndole beber luego del cocimiento antes dicho, una media tacita bien caliente y sin azúcar, repitiéndose esta dosis con alguna frecuencia mientras no cesa el vómito, y de media en media hora hasta que se note disminución en la diarrea, y con mayores intervalos a proporción que se presente con menos frecuencia o desaparezca.

Estas proporciones se emplean en personas mayores, siendo escusado advertir la disminución que debe hacerse gradualmente en las de corta edad, si bien en casos muy graves debe ser más grande la cataplasma, renovándola en todos casos si continúan los accidentes tan pronto como esté seca; advirtiéndose que si después de desaparecidos los vómitos y aún la diarrea, se presentasen de nuevo por alguna indiscreción, como acontece algunas veces, se aplicará inmediatamente otra nueva cataplasma, repitiendo el cocimiento como va dicho.

La reacción se efectúa pronta y fácilmente presentándose sudores muy copiosos, que siguiendo uno o dos días, si no hay complicación, según la gravedad, que se tratará con arreglo a la ciencia, durante cuyos sudores se puede permitir con arreglo a la disposición y demás circunstancias del enfermo, unos sorbos de caldo ligero, intermediados con el cocimiento y pequeñas pociones de horchata de arroz naturalmente fresca.

Resultados. El pronto y feliz resultado de la administración de esta yerba en las formas expresadas, es admirable en los que la usan en los primeros asomos de la dolencia, siendo más tardíos sus buenos efectos cuando por descuido se acude tarde a ella.

Han usado hasta la fecha de esta medicación cincuenta personas de todas edades y sexos, y atacadas con más o menos gravedad (sin contar los que por sí solos se han valido de este remedio, desde que se ha hecho ordinario entre estos vecinos), de las cuales sólo han fallecido tres mujeres y una niña, no quizás por ser el remedio insuficiente, sino por circunstancias especiales que desgracian muchas veces uno que otro enfermo.

Peñíscola, 4 de agosto de 1855.

Juan Bautista Sanz, médico.  

Este método fue publicado en varios periódicos de la época ante sendas cartas remitidas a ellos por el entonces alcalde D. Hilario Sanz (diario «La Iberia», núm. 345 publicado el 13/08/1855) y por el capellán D. Mateo Auxachs (periódico «El Áncora», núm. 2.048 publicado el 13/08/1885).

Las cartas en cuestión están fechadas, la del alcalde el día 5 de agosto y la del capellán un día más tarde, cuyos contenidos se reproducen a continuación:

Señor director de La Iberia:

Muy señor mío y de mi mayor consideración:

Espero me favorecerá Vd. insertando en su apreciable periódico la explicación del método curativo del cólera morbo-asiático, practicado con la hierba mastranzos, por el facultativo de esta ciudad don Juan Bautista Sanz, que adjunto acompaño.

Asimismo, en nombre de este señor, espero también se servirá Vd. insertar en las columnas del mismo, que la noticia dada en el número 2.016 del periódico Las Novedades, de haberse curado varios atacados a consecuencia de haber hecho el señor gobernador militar de esta plaza se les aplicase al estómago dicha hierba mastranzos, es inexacta, puesto que quien la ha propinado a todos sin excepción, por su propia persuasión y voluntad en la forma debida, ha sido el mencionado médico.

Dispense Vd. la molestia de uno de sus más antiguos suscriptores, y mande Vd. a su afectísimo S. S. Q. B. S. M.

El alcalde de Peñíscola.

Hilario Sanz.

Peñíscola 5 de agosto de 1855. 

Sr. Director del Áncora:

Muy señor y dueño mío: un asunto de la mayor importancia, en las tristes circunstancias porque está pasando nuestra patria, me obliga a tomar la pluma para poner en conocimiento de Vd. el feliz resultado que ha dado en esta ciudad la aplicación que se ha dado a los coléricos de la hierba mastranzos, conocida entre nosotros con el nombre de menta borda. Llamado por razón de mi ministerio a la cabecera de los enfermos, he visto pararles casi de repente la diarrea y vómito y entrar en una reacción la más benigna, luego de tomar la decocción de dicha hierba y aplicarles la cataplasma de la misma en la boca del estómago; pudiendo asegurar a Vd. sin exageración alguna, refiriéndome tan sólo a hechos que en su día se probarán, que cuantas personas de esta se han visto atacadas (que no bajan de noventa) con sólo el sencillo uso de la hierba se han visto libres de la terrible enfermedad, unas a las seis horas, otras a las veinticuatro, y las que más si lo han descuidado a los primeros síntomas a los cuatro o cinco días; no habiéndose desgraciado entre ellas sino tres mujeres, una de ochenta años, otra de más joven que se le aplicó en la agonía y la otra por circunstancias especiales y a más una niña de pocos años. Todo lo cual me ha movido a suplicar a mi buen amigo el señor D. Juan Sanz, médico de esta, hiciera una relación de dicha hierba, su uso, aplicación y resultados para elevarla a la autoridad superior de la provincia, que es la misma que adjunta acompaño, por si Vd. tiene a bien insertarla en el digno periódico que dirige. En ello hará un bien a la humanidad y le quedará obligado su atento y S. S. y capellán Q. S. M. B.

Mateo Auxachs, rector.

Peñíscola 6 de agosto de 1855.

Días más tarde, aparece otra carta publicada en el periódico «La Esperanza», núm. 3.323 editado el 20 de agosto de 1885, que si bien está sin firmar, se puede adivinar que fue remitida por el gobernador de la plaza por dos razones; La primera es por el tipo de lenguaje utilizado, y la segunda porque en su carta ataca sutilmente a ciertos sectores, que en el desempeño de su cargo le sería impropio.

De Peñíscola nos escriben el 4 lo que sigue:

No se me hace extraño sea mirada por algunos de esa corte con alguna desconfianza la hierba mastranzo como un anticolérico, cuando en algunos pueblos de este contorno, invadidos del terrible azote, se la ha despreciado hasta por alguno que otro de los señores médicos, no obstante contarles, sin ninguna clase de duda, los buenos resultados que está dando en esta, porque cuantos han experimentado sus saludables efectos se han convertido en otros tantos entusiastas propagadores de dicha medicación, siendo muy contados los vecinos de esta que no la tengan en su poder para un caso apurado. Prescindo de las causas que puedan mover a una tan tenaz oposición por parte de personas ilustradas, y sólo añadiré a V. que si bien es verdad que cuando se le hizo saber al entendido y celoso facultativo de esta el suelto que traía en periódico Las Novedades sobre el uso que el mastranzo había hecho un pastor de Andalucía, lo oyó con alguna indiferencia por la experiencia que tenía de la eficacia de otros remedios que periódicos y sujetos, al parecer competentes, los habían ponderado como eficacísimos; luego de cercionarse por el Dioscórides de las virtudes que a dicha planta se  atribuían, y de haberle manifestado al boticario que conocía la hierba, y que la encontraría en este término, formó su plan y modo de aplicarla, y como los resultados fueron más felices de lo que en verdad él esperaba, ha continuado usándola habiéndola él mismo propinado, desde el día 25 de julio hasta la fecha, a 76 atacados de todo sexo y edad, con más o menos gravedad, de los cuales sólo han fallecido cuatro mujeres, dos hombres y una niña de pocos años.

Para los fulminantes no ha sido hasta el día tan eficaz, por lo difícil que es hacerles entrar en calor, bien que alguno se ha salvado. No sería extraño que la ciencia con el tiempo haga, por medio de experimentos, algún adelanto para cortar el mal en todo evento.

Esta sencilla y verídica relación de lo que aquí está pasando, hará conocer a V. que nada tiene de particular se haya ponderado y hasta exagerado, en cartas particulares, la virtud del mastranzo, pues todos estos habitantes a voz en grito están diciendo: Se ha descubierto ya el remedio para el cólera, y cada cual lo explica a su manera, y pocos los que a la cabecera de los coléricos estén observando las diferentes fases que presenta la enfermedad, muy distintas de las que el año pasado y por este mismo tiempo veía en los atacados, y que tan malos resabios dejaron a los que curaron; pareciéndome todo efecto de esta nueva medicación, que a los pocos días los deja con buen apetito y como si nada hubiesen tenido. Creo que en todos casos, a más de la aplicación de la hierba, se necesita el cuidado de un entendido facultativo, para que, según los principios de la ciencia, ayude al paciente en lo que resulte de la reacción.

Últimamente, si en otras partes, valiéndose de la misma hierba y método, no se experimentan los maravillosos efectos que en esta, habrá en ello alguna causa oculta que no sabremos atinar. Acatemos entonces los juicios de Dios.

He aquí ahora el método para usar este anticolérico…. (Continúa con la descripción del método del doctor Sanz.)

La carta, digamos anónima, es de fecha 4 de agosto de 1855, y es de suponer que las cartas fechadas en días consecutivos (4, 5 y 6 de agosto), por autoridades como el capellán, el alcalde y… ¿el gobernador?, y con un contenido muy parecido en expresiones y datos, respondan a un plan orquestado previamente, pero ¿con qué fin?

Supuestamente el único fin que se perseguía era el de dar a conocer el método y hacerlo público ya que la mortandad era altísima en otras zonas de España y en general existía un gran desánimo.

Como ilustración al azote que suponía entre la población, añadiré un fragmento de una noticia en la que dice; «El día 10 de julio se presentaron los primeros casos; pero ni el número de estos ni su intensidad infundieron temor; más el 15, a consecuencia de una tempestad, que descargó sobre Borja casi toda la noche anterior, se desarrolló la enfermedad con tal furia, que la población quedó convertida casi instantáneamente en un vasto hospital. Por las calles sólo se veía a los facultativos montados, corriendo en todas direcciones, a los curas cumpliendo con los deberes del sacerdocio, y gentes despavoridas y aterradas que pedían de rodillas los auxilios de unos y otros […] el número de muertos en Borja hasta el 2 de agosto, pasaba de 300. »

También es posible que no respondiese a una finalidad concreta sino a una consecuencia, la de que se dejasen llevar por el ambiente reinante, en el que raro era el día en que no aparecían en la prensa remedios caseros que, en la mayoría de los casos, eran ineficaces.

No obstante, si damos veracidad a los testimonios descritos por el doctor Sanz, la aplicación del mastranzo daba buenos resultados. Por el contrario, en un libro titulado «Breve historia del mastranzo» publicado en 1856 por el doctor D. Manuel María José de Galdo, catedrático de historia natural en la universidad central, derrumba esta hipótesis con argumentos más o menos contundentes.

Tan sólo queda por revisar los archivos municipales, los del juzgado de paz y los eclesiásticos, para ver el índice de mortalidad que supuso esta enfermedad en la población de Peñíscola durante los años 1854 y 1856, pero especialmente durante el año 1855.

Bibliografía:

BNE Hemeroteca. Periódico «El Balear», núm. 2.251, de fecha miércoles 8 de agosto de 1855.

BNE Hemeroteca. Periódico «La Época», núm. 1.962, de fecha miércoles 8 de agosto de 1855.

BNE Hemeroteca. Diario «La Iberia», núm. 345, de fecha lunes 13 de agosto de 1855.

BNE Hemeroteca. Periódico «El Áncora», núm. 2.048, de fecha lunes 13 de agosto de 1855.

BNE Hemeroteca. Periódico «La Esperanza», núm. 3.323, de fecha lunes 20 de agosto de 1855.

JOSÉ DE GALDO, Manuel María: «Breve historia del mastranzo», Madrid 1856.

Vicente Oms Llaudís

Artículo publicado en la revista cultural Peñíscola, número 162 (julio – 2010)