Prácticamente cualquier peñiscolano puede identificar y localizar los edificios en los que se rinde o se ha rendido culto a lo largo de los años. Incluso puede recordar algún edificio que ya no existe, como el convento de Trinitarios, edificado extramuros y derribado por orden de Sancho de Echevarría a principios del siglo XVIII. Sin embargo, hay uno del que apenas se ha tenido constancia hasta hoy: la ermita de Santa Bárbara de Peñíscola.

Existen varias hipótesis que refuerzan la teoría de su existencia y que conviene analizar una a una.

La primera es que desde tiempo inmemorial existe una calle con el nombre de Santa Bárbara y, aproximadamente a mitad de su recorrido, destaca una imagen de la santa. Esto debe responder a una antigua veneración venida a menos, al igual que ocurrió, por ejemplo, con San Roque o San Vicente. Resulta lógico pensar que en otros tiempos existió un cierto grado de devoción. A este respecto, mi memoria alcanza a recordar que, cuando había tormentas de truenos y Peñíscola se quedaba sin suministro eléctrico, si ello ocurría de noche se encendían velas y se rezaba a Santa Bárbara.

La segunda hipótesis se apoya en que Santa Bárbara ha sido tradicionalmente patrona de la Artillería. En la plaza de Peñíscola, desde que fue artillada hasta el año 1890, fecha en la que se desmanteló su artillería, hubo de forma permanente tropa de este cuerpo con un comandante al frente. Teniendo en cuenta el peso eclesiástico de la época, resulta verosímil que los soldados contaran con un pequeño espacio sagrado, cercano a su cuartel, donde venerar a su patrona.

Esta hipótesis lleva a pensar que aquella devoción, propia de la Artillería, pudo trasladarse en cierto grado al pueblo. En la tradición peñiscolana, la única reminiscencia que llegó hasta tiempos recientes fue la costumbre de rezar a Santa Bárbara en noches de fuertes tormentas. Quizá sea aventurado establecer un paralelismo entre el estruendo de los cañonazos —sobre todo en las distintas defensas de la plaza frente al enemigo— y el de las tormentas mediterráneas; entre el temor a caer en manos del adversario y el miedo a ser alcanzado por un rayo. De ahí el ponerse a rezar. ¿A la Ermitana? No, a Santa Bárbara. ¿Por qué?

A estas hipótesis se añade una evidencia documental que refuerza la teoría. Se trata de la mención expresa a la ermita de Santa Bárbara, tanto en cuanto a su existencia como a su antigua ubicación. Aparece nombrada en el título de un plano de 1789 en el que se proyectaba la construcción de un hospital intramuros.

El título del plano es el siguiente:
«Planos, Perfiles y Elevación de un Hospital que se propone egecutar en la Plaza de Peñíscola para su Guarnición y vecindario, en el parage en donde estuvo la Hermita de Sta. Bárbara / por Baltasar Ricaud».

El plano se conserva en el Archivo General de Simancas (AGS), fechado en 1789 (signatura: AGS, MPD, 22, 046). Acompaña a una carta del ingeniero director Baltasar Ricaud (Valencia, 11 de septiembre de 1789), en la que expresa que Alonso Jiménez, ingeniero jefe, remitió el plano del terreno y una propuesta de ejecución. Junto a esta carta figura otra de don Alonso del Río, gobernador militar y político de Peñíscola, además de otros documentos relacionados con el mismo asunto.

De todo ello puede deducirse que en 1789 la ermita ya no existía y que únicamente quedaba el solar, aunque pervivía en la memoria colectiva su antigua presencia y localización.

Queda ahora identificar su ubicación exacta. Si partimos del plano que aparece en la obra de J. J. Febrer Ibáñez, titulada Peñíscola, apuntes históricos, observamos que se trata de un plano mucho más antiguo que la propia obra, publicada en 1924. En él se aprecia que en la zona donde hoy se encuentra el «Museu de la Mar» se concentraban los edificios propios de la Artillería, a excepción de los cuerpos de guardia distribuidos a lo largo de las murallas y del polvorín, situado no muy lejos, concretamente en el «Massaguen». Esta toponimia popular quizá responda a la evolución de la palabra «Magatsen», es decir, «almacén», denominación habitual en los planos de la época para lo que hoy conocemos como polvorines: «almacén de pólvora».

En el plano de Febrer Ibáñez aparecen identificados con las letras «LI» el cuerpo de guardia de la batería del Príncipe, contiguo al cuartel de Artillería, señalado con la letra «M», cuya ubicación coincide con el actual «Museu de la Mar». Por último, con la letra «N» se identifica el pabellón de Santa Bárbara, que probablemente fue la residencia del comandante de Artillería y de algunos oficiales. Este pabellón se situaba en el edificio que hace esquina en la confluencia de la actual calle de Santa Bárbara con la calle Sol.

Todo ello demuestra que la Artillería, pilar fundamental en la defensa de la plaza, se agrupaba en una zona estratégica y relativamente resguardada del fuego enemigo.

¿Dónde pudo ubicarse, entonces, la ermita de Santa Bárbara? Por lógica, en esta misma zona. Si se observa el plano con detenimiento y se superpone a la confluencia actual de las calles Sol y Nueva, el encaje resulta preciso, tanto en la disposición de las calles como en la muralla y la batería próxima. También se aprecia el estrechamiento de la calle Nueva, donde, como aclaración a la letra «L» del plano, se lee textualmente: «chaflán que se propone egecutar para mayor desembarazo de la calle señalada con el nº 26».

© MCU.

En cuanto a sus dimensiones, y atendiendo al solar disponible, la ermita no sería mucho mayor que la actual ermita de Santa Ana; quizá algo menor que la capilla de la ermita de San Antonio.

Quedan, sin embargo, varias preguntas abiertas:
¿A qué se debe la ausencia de otras pruebas documentales o referencias escritas? ¿Cuál fue el motivo de su derribo o destrucción? Si desapareció antes de 1789, ¿por qué no se reedificó? ¿Existen en el interior de las viviendas que hoy ocupan ese espacio restos de muros o pavimentos que confirmen su existencia?

Tal vez el tiempo y nuevas investigaciones permitan esclarecer estos interrogantes.

Vicente Oms LLaudís

Artículo publicado en la revista cultural Peñíscola, número 166 (julio – 2011)