Alcalde de Barcelona (junio 1937 – enero 1939), de origen humilde, vivió en una época de constantes cambios sociales, conflictos y la Guerra Civil, cuya consecuencia fue su exilio en Francia. Durante toda su vida demostró grandes cualidades humanas lo que le supuso ser querido por todos.

Primeros Años
Hilario Salvador Castell, nació en la Barceloneta el 16 de febrero de 1899. Era el más pequeño de 5 chicos y mayor que sus dos hermanas, de una familia de pescadores de Peñíscola. Afincados en la Barceloneta en la calle pescadores núm. 82, primer piso, que daba frente a la playa de la Barceloneta. Poseían una pareja de barcas de bou, que era su única fuente de ingresos. Su padre, Antonio Albiol Salvador (a) Pañero, y sus cuatro hijos mayores, Antonio, de 22 años, Vicente, de 19, Roberto, de 16, y José de 14, fallecieron ahogados en el temporal del 31 de enero de 1911, conocido como el Temporal de la Candelera. Hilario, que en aquel momento contaba con 11 años, casi 12, se libró de perecer, porque aquel día no pudo salir a la mar a ayudar a sus padres y hermanos; se quedó en cama enfermo.
Sus padres, Antonio Salvador Albiol y Dolores Castell Simó, naturales de Peñíscola y de tradición marinera, emigraron a Barcelona en la década de 1890, como tantas otras que fueron a vivir a la Barceloneta, procedentes de la costa levantina a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Gentes de pueblos tradicionalmente marineros, como Vinaròs, Peñíscola, Altea, Benidorm y Villajoyosa, acudieron en masa al puerto de Barcelona buscando un futuro mejor y una seguridad y refugio para sus embarcaciones. La gran mayoría de estos emigrantes, se agrupó por sus poblaciones de origen dentro del barrio de la Barceloneta, dando así nombre a algunas calles como las de Alcanar, Villajoyosa y Vinaròs.
Tras fallecer su padre y sus cuatro hermanos en el trágico naufragio, tuvo él que asumir el papel de único hombre de la familia. Junto a su madre Dolores y sus dos hermanas más pequeñas, llamadas Dolores y Antonia, tuvieron que hacer frente al terrible drama familiar y a una precaria situación económica.
Las dos barcas de bou que perdieron en el temporal, llamadas Pelayo y Machicha, todavía no las tenían pagadas. De las 5.000 pesetas que les costó la pareja de barcas, tan sólo tenían pagadas 3.000 pesetas a su anterior propietario Miguel Corbeto Costa. Además, adeudaban a Pablo Sedó Viñas, una vela que compraron en 1910 por un importe de 335 pesetas. Pero ahí no acaba el drama económico, ya que además, adeudaban un crédito de 1.000 pesetas a Olegario Gisbert.
El total adeudado ascendía a 3.335 pesetas. Si bien; el 29 de marzo de 1911, Dolores Castell Simó recibió una indemnización de 800 pesetas otorgada por la Comisión Ejecutiva de diversas entidades de la Barceloneta; el 28 de abril de 1911, recibió otra indemnización de 1.275 pesetas, otorgada por la Cámara de Comercio de Barcelona; y finalmente otra ayuda oficial de 1.700 pesetas otorgada en la Diputación Provincial el 11 de mayo de 1911.
Dolores Castell Simó, tras pagar sus deudas, quedó supuestamente con tan sólo 440 pesetas, sin marido, sin cuatro de sus siete hijos, y lo que es más estremecedor, con tres hijos que sacar adelante, una hermana ciega, llamada Concepción, que vivía con ella y su fuente de ingresos hundida en el mar para siempre.

Etapa de Formación
Dolores Castell continuó como pudo la educación de sus hijos. Hilario compaginaba el trabajo con sus estudios de teneduría de libros. Por ello tuvo que trabajar muy pronto condicionado por la situación familiar.
Hasta las bodas de sus hermanas y la muerte de su madre, ocurrida el 13 de septiembre de 1934, se comportó como un verdadero cabeza de familia.
Tras sus comienzos como contable, entró en el despacho de una importante empresa que comerciaba con ropas, situada en la Ronda de Sant Pere. Poco tiempo después, pasó al servicio de la Cámara de Comercio como empleado.
En el mes de marzo de 1920, cuando Hilario contaba con 21 años, se le eximió del servicio militar tras alegar causa estipulada en el artículo 89 de la entonces vigente Ley de Quintas.
Siendo muy joven se identificó con las ideas nacionalistas y de izquierdas. Comenzó perteneciendo al colectivo La Falç y más tarde al partido Estat Català, fundado por Francesc Macia.
Además de su incipiente actividad política, realizó actividades culturales, principalmente en la Barceloneta, su barrio.
En julio de 1922, con 23 años de edad, Hilario figuraba como tesorero y contable de la Sección de Literatura de la Asociación Catalana de Artistas.
Junto a unos cuantos amigos, crea el centro excursionista Minerva.
Este centro excursionista desarrollaba salidas dominicales a las montañas de Cataluña, organizaba veladas, conferencias, y visitas colectivas a instituciones, museos, fábricas, etc., lo que le supuso la adquisición de vastos conocimientos.
Hilario colaboraba con el boletín mensual que editaba este centro excursionista, que sin duda, era el más leído de los que se publicaban en aquella época en el sector excursionista. Fruto de esta actividad, en enero de 1926, cuando Hilario contaba con 26 años, fue nombrado miembro del consejo directivo con el cargo de secretario.
Más tarde, Hilario impulsó en la Barceloneta la creación del Ateneu Pi i Margall, adherido al nuevo partido.
Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) realizó lo que podrían llamarse “actividades clandestinas” manteniendo contacto con elementos afines residentes en Barcelona y en el exilio en Francia. Bajo el amparo de una comunidad de frailes de Barcelona, Hilario recaudaba fondos destinados a ayudar a los presos nacionalistas.
Salto a la Política
El mes de marzo de 1931, antes de las elecciones municipales, que desembocaron en la proclamación de la República, se constituye Esquerra Republicana de Catalunya por fusión de diversos partidos y grupos nacionalistas de izquierdas, entre los que estaba Estat Català.
En las primeras elecciones municipales convocadas por la Generalitat, es elegido consejero del Ayuntamiento de Barcelona. El consistorio lo designa para ejercer las funciones de teniente de alcalde delegado del distrito 1º (correspondiente a la Barceloneta), siendo nombrado asimismo, delegado del Ayuntamiento en la Junta de Obras del Puerto de Barcelona.
En noviembre de 1933, las elecciones españolas dan paso al gobierno al Partido Republicano Radical de Lerroux y la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) de Gil Robles. Es el principio del que algunos historiadores denominan como el “bienio negro”. En Cataluña, el nuevo gobierno español provoca una clara ruptura, hasta el punto que el presidente de la Generalitat Companys encargó al Consejero de Gobernación, Josep Dencàs, la formación de un Comité Revolucionario secreto para preparar la insurrección armada (28 de junio de 1934).
En lo concerniente a Hilario, a mediados de septiembre de 1934, concretamente el día 13, falleció su madre Dolores Castell, siendo Hilario Consejero Municipal. La noticia se conoció estando reunida la Comisión de Gobierno. El consejero regidor José María Masip, acudió al domicilio y posteriormente lo hizo el alcalde Carles Pi i Sunyer, dando el más sentido pésame a Hilario y familiares en nombre del Ayuntamiento.
Respecto a la situación política, los acontecimientos se precipitan y el 2 de octubre de 1934 cae el gobierno presidido por Ricardo Samper y Alejandro Lerroux, formando otro solamente con ministros de la CEDA. Inmediatamente se declaró una huelga general en toda España.
El 6 de octubre, la insurrección toma fuerza y se declara la República Federal Española y el Estado Catalán dentro de ella.
Esta proclama conllevó la capitulación del Gobierno de Cataluña así como la detención del presidente Lluís Companys, de los consejeros y diversos diputados, incluido el presidente del Parlamento Joan Casanovas i Maristany. En la madrugada del 6 de octubre de 1934, Hilario es detenido en el Ayuntamiento junto al alcalde Carles Pi i Sunyer y otros regidores que se encontraban reunidos. Todos los presos fueron conducidos al barco Uruguay atracado en el puerto de Barcelona y reconvertido en prisión.
Su encarcelación en el puerto de Barcelona quedó reflejado en el libro de Manuel Azaña, Mi rebelión en Barcelona, en el que así describe una tarde de domingo en el puerto de Barcelona, vista desde la cubierta del Cádiz, donde estuvo detenido unas semana a raíz del movimiento del 6 de octubre:
“Los días festivos esta zona del puerto se cubre de barquichuelos, golondrinas y otras máquinas flotantes para el recreo dominical, que tienen ya forma de transportes urbanos. En pisos superpuestos, como de autobús, el público se apretuja. Pasan y repasan delante del Cádiz, a la distancia que imponen las motoras de la escuadra. Vienen millares de personas con banderas, gritan, se desgañitan, sobre todo las mujeres. La Barceloneta se despuebla para ver de lejos a su hombre popular y aclamarlo. Tengo clavado en la memoria como el arpón de un chillido de mujer, tenaz, incansable: ¡Lari!… ¡Lari!… que rasga el silencio en la fuga de una tarde de asueto y pone acentos de frenesí en la calma indiferente del mar, apacible bajo el sol desfallecido.”
En esta situación puede observarse el gran afecto de la población de la Barceloneta hacia su persona. Hilario (Lari), era un hombre popular y su figura tomaba cada día mayor relieve y popularidad.
No se sabe con exactitud el tiempo que Hilario estuvo preso, pero en febrero del 1936 fueron liberados prácticamente todos los presos de izquierdas penados desde octubre de 1934.
Guerra Civil en Barcelona
En febrero de 1936 el Frente de Izquierdas gana las elecciones legislativas, y en el Ayuntamiento, Carles Pi i Sunyer es reintegrado en sus funciones.
Hilario deja la delegación del distrito 1º para entrar en la comisión permanente con el cargo de Consejero de Gobernación.
El 18 de julio de 1936 se produjo el golpe militar que intentó derrocar la República. Es el principio de la Guerra Civil y la ciudad de Barcelona comienza a ser bombardeada por mar y muy intensamente desde el aire.
En mayo de 1937, Barcelona vivió unas jornadas de enfrentamiento armado entre los diferentes partidos políticos y sindicales que gobernaban la Generalitat y el propio Ayuntamiento de Barcelona. Consecuencia de ello fue la reestructuración del Gobierno de la Generalitat y Carles Pi i Sunyer, entró a formar parte como Consejero de Cultura, dejando el 29 de junio de 1937 la alcaldía de Barcelona de forma interina a Hilario Salvador Castell, cuando éste contaba con 38 años.
Alcalde de Barcelona
Pocos días después, el día 16 de julio de 1937, el pleno municipal del Ayuntamiento de Barcelona, nombró por unanimidad, 31 votos a favor y uno en blanco, a Hilario Salvador Castell, Alcalde de Barcelona.
Su gestión municipal fue de una probidad ejemplar. Su temperamento dinámico, decidido y enérgico, como convenía en aquellos momentos amargos y difíciles, hizo que su gestión fuese destacable. En este mismo período ostentaba también la presidencia de la Cámara de Comercio de Barcelona.
Se preocupó sobre todo de la defensa pasiva frente a los violentos bombardeos franquistas, divulgando el tema en el extranjero.
En una entrevista realizada en octubre de 1937, Hilario fue preguntado sobre las actividades municipales que se estaban desarrollando en plena Guerra Civil. Hilario contestó que se estaban construyendo guarderías, para que las madres trabajadoras, por exigencia de la guerra, pudieran dejar a sus hijos en buenas manos. También destacó la creación de policlínicas en todos los distritos, para que las víctimas, puedan ser trasladadas a éstas con la mayor rapidez, y al mismo tiempo, la creación de un hospital de reposo para mutilados de guerra en la falda de la montaña de San Pedro Mártir. Por último destacó la construcción de numerosos refugios contra los bombardeos aéreos.
Su idea de Ayuntamiento era la de gestionar y prestar servicio, diciendo a continuación que “para hacer política tenemos ya el Parlamento catalán y el Gobierno de la Generalidad. La política no debe preocupar a ningún Ayuntamiento”.
El 18 de marzo de 1938, tras los bombardeos que sufrió Barcelona en las últimas 24 horas, Hilario, envió un telegrama a los alcaldes de las más importantes ciudades de Europa y América, denunciando los hechos. Esto ayudó enormemente a concienciar a la opinión pública extranjera sobre lo que ocurría en España y principalmente en Barcelona.
Mientras tanto, Hilario, ayudaba a las víctimas de los bombardeos a pie de calle. Es de elogiar su diligencia cerca de los damnificados por los bombardeos en Barcelona, cuya conducta le mereció la simpatía generalizada de la ciudad.
Todas estas ideas y acciones confirman su tenaz gestión en lo que se denominó “la defensa pasiva”.
Exilio en Francia
Hilario se mantuvo en Barcelona, junto con su inseparable secretaria Enriqueta Gallinat i Roman, hasta que las tropas franquistas entraron en Hospitalet en enero de 1939, iniciando en ese momento su exilio a Francia.
El 21 de abril de 1940, se publicó en el Boletín Oficial del Estado un edicto del Juzgado Instructor Provincial de Barcelona, sobre responsabilidades políticas de la provincia de Barcelona. En éste, se abría expediente de responsabilidad a Hilario Salvador Castell, entre otros.
Fruto de este expediente, fue condenado en rebeldía por las autoridades franquistas.
En el exilio, después de una breve estancia en Carcassona, se instaló en Montpelier en donde había llegado un núcleo importante de catalanes.
Con la ocupación alemana, la Prefectura le invitó a fijar su residencia en otro lugar del Departamento. Escogió Valras-Plage. Más tarde, los alemanes exigieron la evacuación total de este pueblo instalándose en Béziers de modo definitivo.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, Francia autoriza la constitución de partidos políticos españoles en el exilio, en su territorio. En Béziers se constituyó un comité d’Esquerra Republicana de Catalunya, en cuya formación, Hilario contribuyó de manera significativa. Como miembro de la Dirección del partido, cargo que ya ostentaba en Barcelona, estuvo en contacto directo con el que sería secretario general Josep Tarradellas.
Últimos Días
Tras haber residido muchos años en Francia, y cuando su salud estuvo muy deteriorada, decidió repatriarse a España. En 1960 volvió a Barcelona definitivamente. A finales de agosto de 1965, en un corto viaje a Montpelier y a Béziers, en donde había dejado, además de familiares, numerosas y sólidas amistades, sufrió un accidente de coche, siendo él, el único herido de importancia. El accidente se produjo cerca de Béziers.
Accediendo a sus ruegos insistentes, cuando su estado lo permitió, se le trasladó en ambulancia hasta Barcelona. Murió al cabo de seis meses, concretamente el 20 de febrero de 1966, con 67 años recién cumplidos.

Funerales
La ceremonia de su entierro se celebró en la Iglesia de la Concepción, situada en la calle Aragón 229. En ella concurrieron numerosos colegas y viejos amigos. El acto constituyó un homenaje a un hombre de corazón, fiel a sus ideales defendidos con honradez. Entusiasta y valiente durante toda su vida, sin buscar otra recompensa que la satisfacción de haber trabajado para su tierra y su gente.
El acto del funeral evidenció las grandes simpatías que perduraban de él en Barcelona, de tal manera que fueron muchos los que no pudieron entrar en la amplia nave de la parroquia de la Concepción, quedándose en la calle.
El Secretario General de Esquerra Republicana de Catalunya en el exilio, Joan Sauret, publicó en el boletín Tribuna, una nota de condolencias en nombre del Consejo Ejecutivo del partido. En esta misma publicación, aparece a continuación, otra nota de la viuda de Hilario en la que agradece todas las cartas y muestras de condolencia recibidas.
La Hoja del Lunes publicó su esquela en catalán haciendo constancia del cargo que ocupó. Pero al día siguiente, los periódicos que también insertaron su esquela, no pudieron expresar sus antiguos cargos. El diario La Vanguardia, aporta información adicional sobre los miembros de su familia que le sobrevivieron.
Estaba casado con Paquita Cervera i Gros, que murió el 14 de agosto de 1996 a los 92 años de edad. No se sabe cuándo ni dónde se casó Hilario con Paquita, pero es de suponer que el matrimonio pudo producirse en el exilio ya que en la relación de expedientados en rebeldía, Hilario no figuraba como “casado”, en cambio otros imputados sí que figuraban sus estados civiles.

Paquita Cervera i Gros se casó en primeras nupcias con Mariano Bonet i Navarro, de cuyo matrimonio tuvieron dos hijos llamados Joan y Magda.
Posteriormente se casó en segundas nupcias con Hilario, sin que tuvieran descendencia.
Paquita falleció el 14 de agosto de 1996 a la edad de 92 años.

Fuentes de información.
- Boletín Tribuna (Publication mensuelle catalane): Ha mort Hilari Salvador, l’ultim alcalde popular de Barcelona, núm. 81, marzo de 1966 (Francia), p. 14.
- Assosiasió Cultural La Fraternitat (Barcelona). Hilari Salvadó i Castell i el seu temps. 1 de octubre de 2010. Biblioteca Barceloneta-Fraternitat.
- Acto de homenaje a Hilari Salvadó i Castell. Centre cívic de la Barceloneta, 11 de septiembre de 1997.
- Llibert Ferri; Memòria histórica del barri de la Barceloneta
- Fundacio Josep Irla. Memòriaesquerra.cat. Hilari Salvadó i Castell
- Diario La Vanguardia, 14/09/1934, p. 6.
- Diario La Vanguardia, 21/03/1920, p. 8.
- Diario La Vanguardia, 08/07/1922, p. 6.
- Diario La Vanguardia, 20/01/1926, p. 8.
- Diario La Vanguardia, 22/03/1938, p. 2.
- Diario La Vanguardia, 22/02/1966, p. 34.
- Diario La Vanguardia, 20/11/1996, p. 36.
- Diario La Vanguardia, 15/18/1996, p. 18.
- Diario La Vanguardia, 21/14/1940, p. 4.
- Revista Mi Revista, 01/11/1937, pp. 15-16.
- Azaña, Manuel; Mi rebelión en Barcelona. Espasa-Calpe, 1935 (Bilbao).
- Arxiu Històric de la Cambra de Comerç de Barcelona (AHCCB). Caja 81, expediente 1.
Agradecimiento.
A Emilio Suárez Sánchez, vecino de la Barceloneta, por su inestimable colaboración y aportación documental.
Vicente Oms LLaudís
Artículo publicado en la revista cultural Peñíscola, número 170 (julio – 2012)

