El vino de Peñíscola siglos XV-XIX

El vino de Peñíscola siglos XV-XIX

Sabido es que desde el siglo XIV la zona de Peñíscola-Benicarló-Vinaroz, era conocida por la producción de excelentes vinos. En la actualidad hubiese podido competir con las mejores denominaciones de origen de España, si no es por dos causas principales; la primera, que afecta sólo a Peñíscola, es la devastación de los campos de cultivo antes y durante el asedio de principios del siglo XVIII, la segunda y que afectó a la franja costera de Peñíscola, Benicarló y Vinaroz fue la plaga de la filoxera que arruinó toda la producción vitivinícola, viéndose obligados los agricultores a arrancar prácticamente todas las cepas que producían este excelente vino.

La descripción más antigua que hemos encontrado, en cuanto al tipo y variedad de uva se refiere, data del siglo XVI, y nos la proporciona Gabriel Alonso de Herrera (1), que menciona el tipo de uva utilizada, siendo el «Garlón» de Benicarló, llamado allí «Vedriel», y conocido posteriormente como «Carló», y sus características, diciendo que «es tinto, astringente y algo áspero», y que estos vinos ya eran célebres a comienzos del s. XV; es decir, que 100 años antes, ya tenían una fama consagrada.

Esta fama se adquiere a lo largo de los años, tras una continua y prolongada tradición cosechera. Así, la primera referencia al vino ya elaborado, la encontramos en el «Llibre del feyts» de Jaime I, en 1233. Tras tener noticia de la intención de los musulmanes de Peñíscola de entregar la fortaleza, Jaime I se desplazó acampando cerca de Peñíscola y cuenta:

«…Enviamos entonces un mensaje a los sarracenos, anunciándoles nuestra llegada, de lo que se alegraron mucho. Cuatro de ellos salieron a nuestro encuentro, y nos dijeron que estaban muy contentos por nuestra presencia, que su intención era ofrecernos un presente, pero que era tarde y que harían nuestra voluntad a partir del día siguiente. Luego se fueron y nos mandaron cien panes, dos jarras de vino, uvas secas, higos y dos pollos, como presentes de parte de los ancianos (velles) del lugar…»

Esto demuestra que los hispanomusulmanes, propietarios de aquellas tierras, se dedicaban a la viticultura con anterioridad a la conquista del rey Jaime I, y como prueba de ello, cabe hacer referencia a otro documento antiguo que demuestra la existencia de viñedos. Este es el documento de las «Donationes de Penniscola» (2), de 1249, en las que se donaban ciertas tierras y heredades con viñedos a los caballeros que ayudaron al rey Jaime I, en la conquista de Peñíscola.

En el transcurso del siglo XVI, los vinos de Peñíscola adquieren ventaja respecto a los de Benicarló y Vinaroz, no en producción sino en calidad y comercialización, por ser más apreciados. Prueba de esto, nos la ofrece la narración de Martín de Viciana (3), sobre la actividad económica de Peñíscola, Benicarló y Vinaroz.

Viciana describe una productividad variada en cuanto a productos de la tierra, pero destaca el vino de Peñíscola por calidad y exportación en el s. XVI, frente a los de Benicarló, que, eso sí, obtienen una producción global mayor; 170.000 cántaros frente a unos 70.000 cántaros de Peñíscola.

Esta diferencia responde a dos razones básicas; la primera es la poblacional ya que Benicarló poseía en esa época mayor población, y de ésta, un mayor porcentaje de personas dedicadas al campo que en Peñíscola, y la segunda es que los vinos de Benicarló abastecían, según Viciana, «para proveher  las flotas de las armadas de mar que manda hazer el rey»

«En el término de Peñíscola se coge, trigo, aceite, algarroba, miel, cera, y otros frutos, y lo mejor de todo es que se cogen hasta 70.000 cántaros de vino. Este vino es conocido por el mejor de la comarca, donde quiera que le lleven es muy apreciado pues siempre en el camino se mejora. Tiene otra excelencia, y es que estando en Peñíscola nunca jamás se aceda: y esto es averiguado, porque si por días van sacando y gastando poco a poco el vino de una cuba, cuando esté en lo más bajo de la cuba, el vino de la cuba aflojara, y perderá algo de la fuerza, pero no se acedará. Pero si este poco vino de la cuba lo trasegara a otra vasija con vino, adquiere su fuerza inicial.

En Peñíscola el vinagre que gastan lo han de traer de otros lugares de la comarca. Esto (según afirman los naturales de la tierra) se debe por tener las bodegas del vino en el peñón, que al estar rodeado por el mar, las bodegas resienten la humedad salobreña, lo cual favorece  la conservación del vino y no por otra causa, porque en el término de Peñíscola, en un mismo campo y de un mismo viñedo se coge la vendimia, parte de la cual se lleva a Peñíscola, y parte a Benicarló, y todavía el mismo vino en Peñíscola es mas precioso que la otra parte que llevaron a Benicarló.

Los moradores de Peñíscola viven de los frutos del campo, y especialmente del vino que cargan por mar para llevarlo a otras partes. Otros moradores se dedican a la pesquera de la mar, de la cual reciben grandes aprovechamientos. »

Tanto Vinaroz como Benicarló, obtuvieron privilegios para comercializar la producción de vino; la primera, Vinaroz, escala obligatoria en la navegación de cabotaje, mediante el abastecimiento de buques, que a su vez abastecían de vinos a otros puertos del Mediterráneo; la segunda, Benicarló, mediante un privilegio obtenido para abastecer a los buques de la Armada española.

Prueba de estos privilegios, nos la proporciona M. Amparo Felipo Orts (4), que cuando realiza una descripción de la producción de esta zona vitivinícola dice:

«cabe destacar las cosechas del Baix Maestrat en sus tres núcleos tradicionales más importantes: Vinaroz, escala obligatoria en la navegación de cabotaje y mercado abastecedor de las tripulaciones de las marinas mercantes, con una media anual de 127 litros por habitante; Peñíscola con 426 litros por habitante, famosa ya en el siglo XVI por sus bodegas excavadas en la misma roca del peñón sobre el que se asienta; y Benicarló con 280 litros por habitante, puerto de aprovisionamiento para la Armada Real.»

En cambio Peñíscola, no obtuvo ningún privilegio similar. No precisaba competir en cantidad ya que por calidad, tenía asegurada la comercialización de sus cosechas que, año tras año aumentaba a un ritmo menor que la de sus vecinos. No obstante llama poderosamente la atención el rendimiento calculado en litros por habitante, siendo muy superior el de Peñíscola frente al de Benicarló o Vinaroz.

Esta carencia, en cuanto a la competencia de cantidad, la podemos documentar basándonos en las actas de sesiones del ayuntamiento de Peñíscola, las correspondientes al 10 de noviembre de 1697, y la del 28 de octubre de 1700. (5)

La primera acta, describe cómo el Jurado Mayor manifiesta a sus compañeros de consistorio, que el Sr. D. José Shallet, cónsul de Inglaterra, pedía a la presente villa 15.000 cántaros de vino a razón de tres sueldos y cinco dineros, y que se decidiera lo que se debía hacer. Determinaron todos unánimes diciendo se le den dichos 15.000 cántaros de vino al precio de tres sueldos y cinco dineros y que éstos se le den voluntariamente y se haga el reparto por la villa con asistencia de los señores del Ayuntamiento, del vino que se había de pedir a cada cual, y todos aquéllos que no quisieran darlo voluntariamente al indicado precio de tres sueldos y cinco dineros que «a estos tals no sels prenga vi a ningun género de preu».

La segunda acta, describe cómo se hace presente que el mismo Sr. D. José Shallet, pide a Peñíscola 30.000 cántaros de vino a tres sueldos y seis dineros, pero se le exigió lo pagara a tres sueldos y nueve dineros, accediendo a ello.

Para una producción estimada de 80.000 cántaros en esas fechas, esto significaba la comercialización de un 25% de la producción en un solo contrato.     

Pero el punto de inflexión respecto al descenso de la producción y consiguiente descenso del comercio de los vinos de Peñíscola, lo encontramos tras el asedio que sufrió Peñíscola a principios del siglo XVIII.

En una representación, de 23 de enero de 1722, que el Ayuntamiento de Peñíscola hace al rey Felipe V para que releve a la ciudad de pagar ciertas cargas que por reales privilegios estaba exceptuada, podemos leer lo siguiente: (6)

«… es preciso representar a V. M. que durante el asedio de los enemigos, por tiempo de diecisiete meses, devastaron enteramente el territorio, y término de la Ciudad, con rigurosa furia. Que levantado el sitio en el año de mil setecientos siete, se reconocieron sus habitadores sin esperanzas para restaurarle, por haber consumido sus caudales en defensa de la Plaza, y les fue preciso vender más de la tercera parte de las tierras, que quedaron casi incultas, por haber arrancado los árboles y las viñas a ínfimo precio, logrando la conveniencia los de los lugares circunvecinos, de comprarlas a menos coste: y al paso que los de Peñíscola disminuyeron sus conveniencias y aumentaron los forasteros, con los mismos Propios de los de la Ciudad; de forma, que importando la cosecha del vino, de que se beneficiaban sus vecinos en el año de mil setecientos cinco, antes del asedio, pasados de 80.000 cántaros, ahora lo que más ha aumentado que es en el año de 1721, no llega a 34.000 cántaros»

Este texto es suficientemente elocuente: los peñiscolanos, gastaron todo cuanto tenían en la defensa de la plaza, sus campos resultaron arruinados, aprovechándose de ello propietarios de pueblos vecinos (especialmente Benicarló) para adquirir tierras en nuestro término a muy bajo coste y dedicarlas al cultivo de la vid, entre otros, aumentando así su producción. Esto da explicación al motivo por el cual, aún en la actualidad, muchos propietarios de Benicarló poseen propiedades en el término municipal de Peñíscola.

Por contra Peñíscola, que hasta el año 1705 había aumentado su producción hasta los 80.000 cántaros, vio mermada considerablemente su producción reduciéndose hasta los 34.000 cántaros en 1721.

Xavier Favà i Agud (7), afirma respecto a este tipo de vino, que si bien en la actualidad en el Baix Maestrat se ha reducido considerablemente su producción vitivinícola, no hay que olvidar que en los s. XVI y XVII, fue una de las principales zonas de aprovisionamiento del Mediterráneo.

El mismo autor, aclara el origen de la denominación del vino, y la controversia que pudiera suscitarse sobre los tipos de uva utilizados, aportando la definición del DRAE en la que dice que «Carló» es «vino tinto que se produce en varios lugares, así llamado por ser imitación del de Benicarló, al norte de Castellón de la Plana», y que por lo tanto, la denominación del vino de «Benicarló» frente a «Carló», no plantea ninguna duda etimológica, ya que «Carló», se debe interpretar como un término genérico referido a una clase de vino, mientras que «Benicarló», se refiere a una cepa y uva concretos.

Esta duda, queda resuelta con la explicación que realiza Juan Piqueras (8), en la que aboga por la teoría que la denominación «Carló» se corresponde con una corrupción abreviada de Benicarló, en donde tuvo su origen y su punto de embarque. A finales del s. XVIII, el «Carló» era exportado a diferentes puntos de Europa y América, pese a que su fama y aceptación estaba precedida por su semejanza a los buenos vinos franceses, fama de la que no se liberó hasta la primera mitad del s. XIX. El motivo básico por el cual los principales puertos exportadores de vino acabasen dando el nombre a diversos vinos, se explica por la razón que los cosecheros de ciudades portuarias como Alicante, Benicarló y Vinaroz, en el afán de proteger sus vinos, habían conseguido privilegios de embarque que excluían taxativamente a los posibles competidores de los pueblos vecinos. Ante este panorama era lógico que sólo en torno a los grandes núcleos de población y de los puertos con privilegio de embarque llegaran a formarse viñedos medianamente extensos orientados hacia el comercio.

Tras todas estas referencias, podemos establecer las causas por las que el vino «Vedriel» de Peñíscola perdió competitividad durante el periodo comprendido entre el s. XVI y el s. XVIII.

Primera:

La población dedicada al cultivo de la vid. El siguiente texto extraído del Diccionario Geográfico Universal (9) es lo suficientemente elocuente para establecer el origen de esta causa: «Tenía Peñíscola en 1600, 293 vecinos. La expulsión de los moriscos y las guerras de sucesión los disminuyeron mucho, pero como se ha observado que en algunos años a este parte del número de nacidos es 14 veces mayor que el de muertos, se ha ido aumentando rápidamente tanto que en 1794 pasaban de 500 sus vecinos. Poseen un dilatado y fértil término, pero les faltan brazos para cultivarlo y no lo hacen con el esmero que sus vecinos los de Benicarló. El aumento de población en ambos hace que los unos extiendan el cultivo y los otros adquieran muchas haciendas en propiedad y arrendamiento. Tienen 200 jornales de huerta y cogen en su término los mismos frutos que en Benicarló».

Segunda:

La ausencia de un puerto de embarque. Si bien, en aquel período no existían puertos, llama la atención las medidas protectoras descritas en 1563 por Viciana referente al puerto embarcadero de Benicarló diciendo que «aquí la mar es honda, y los navíos pueden juntar a tierra, y con la artillería de baluarte son defendidos»

Tercera:

La carencia de privilegios mercantiles. Ante el avance del comercio marítimo en los siglos XVI al XIX, Benicarló y Vinaroz supieron sacar partido consiguiendo privilegios, pese a carecer de puertos naturales, al contrario que Peñíscola que poseía una rada natural. Hay que recordar que Vinaroz fue durante ese período escala obligatoria en la navegación de cabotaje y mercado abastecedor de las tripulaciones de las marinas mercantes, y Benicarló puerto de aprovisionamiento para la Armada Real de modo que pueda proveer a la flota de la armada que mande hacer rey.

Cuarta:

Peñíscola, pese a estar dentro del mar, ha vivido históricamente de espaldas al mar. Sacaba lo necesario del mar, «grandes aprovechamientos», tendiendo a convertirse en  una economía autosuficiente, falta de competitividad. Lo mismo ocurría con el vino. En cambio los núcleos poblacionales de Benicarló y Vinaroz, crecieron a un mayor ritmo debido a la continua actividad comercial portuaria, favorecidas asimismo por la ausencia de bajas en su población como consecuencia de guerras y epidemias.

Bibliografía:

(1) ALONSO DE HERRERA, GABRIEL (1513): «Agricultura General». Tomo I, Primera edición.

(2) BOFARULL I MASCARÓ, P. (Barcelona, 1856): «Repartimientos de los reinos de Mallorca, Valencia y Cerdeña». pp. 406-408.

(3) VICIANA, MARTÍN DE (1563): «Crónica de Valencia y su Reino». (Libro III).

(4) FELIPO ORTS, Mª AMPARO (1995): «Producción, consumo y control del vino en el litoral valenciano durante el siglo XVII».

(5) FEBRER IBÁÑES, J.J. (Castellón 1924): «Peñíscola: Apuntes históricos». Imprenta hijo de J. Armengot.

(6) Ibidem.

(7) FAVÀ I AGUD, XAVIER (2001): «Diccionari dels noms de ceps i raïms: l’ampelonímia catalana». Edita Institut d’Estudis Catalans. 455 p.

(8) PIQUERAS, JUAN (1983): «Els vins valencians». Edita Universitat de València.

(9) SOCIEDAD DE LITERATOS (Barcelona 1832): «Diccionario Geográfico Universal». Tomo VII, imprenta de José Torner.

Vicente Oms Llaudís.

Artículo publicado en la revista cultural Peñíscola, número 164 (diciembre – 2010)