Podría pasar por un personaje anónimo, igual que algunas de las víctimas del temporal de «la Candelera». Este viejo marinero, sufrió aquel temporal cuando contaba con 31 años. Representa en su esencia, la viva imagen de todas las víctimas.
Un día localicé una fotografía que llevava por título «Retrat d’un home a Peníscola» en el «Arxiu Nacional de Catalunya» dentro del fondo «Josep Gaspar i Serra» y me llamó la atención. Se trataba aparentemente de un anciano de Peñíscola. La fotografía fue realizada entre el 01/01/1920 y el 31/12/1930 (según estimación del propio archivo) y se adivina que se trata de Peñíscola porque aparece con claridad el inconfundible campanario de la iglesia parroquial, y al fondo, la silueta de los montes cercanos (más bien las Atalayas). El lugar desde el que fue realizada no se ha podido averiguar debido a la actual configuración de las viviendas que son una o dos plantas más elevadas, pero que por su orientación debiera estar realizada desde una zona cercana al castillo, concretamente por la zona del faro, sin descartar que pudiera haber sido tomada desde la terraza de una vivienda.

Tras estos datos, me planteé como hipótesis que pudiera tratarse de un marinero, que por su edad, con total seguridad, sería contemporáneo de los supervivientes del temporal de 1911, o quizás, uno de ellos.
Comencé a indagar sobre sus vestimentas, para comprobar si se correspondían con un marinero o un labrador de la época. Un anciano me comentó que los labradores “portaven un mocadó al cap”, y que los marineros vestían una gorra con visera, similar a la que muestra la fotografía. Otro dato significativo para pensar que se trata de un marinero es la blusa con rayas finas, la faja y, sobretodo, el pantalón claro que se corresponde con un color amarillento, típico de los marineros de aquella época, aunque lamentablemente no se aprecia en la fotografía con nitidez, por ser ésta en blanco y negro.
Convencido de que nuestro personaje respondía al perfil de un marinero, ahora tan sólo faltaba la parte más difícil; conseguir identificarle.
Pregunté en círculos donde se reunen los actuales marineros jubilados, para comprobar si identificaban a nuestro personaje. Mostré la fotografía a Vicente Lluch Pau conocido popularmente como “lo tio Mañanes”, y este exclamó instantáneamente un “uy”, diciendo a continuación “diràs que’l caràcter me sone… però no estic segur…”. Días más tarde, casualmente, tras mostrar la fotografía en la lonja a José Simó Simó, exclamó “sa pareix a m’abuelo”. En realidad, pude comprobar que el parecido del rostro era aceptable, con los matices que puedan haber trascendido de abuelo a nieto, pero que cobran fuerza si ambos rostros son comparados a una edad similar, como es el caso.
Pregunté por su nombre completo, el de su padre y el de su abuelo (el de la foto), y me dijo que se llamaban respectivamente José Simó Simó, José Simó Beltrán y José Simó pero que no recordaba su segundo apellido.
Seguí mostrando la fotografía. Esta vez en el «Hogar del Jubilado». Me permití la licencia de interrumpir una partida de «Rabino», que estaban jugando, entre otros, Francisco Ayza Beltrán y Vicente Ayza Albiol, conocidos respectivamente como “lo tio Petxina” y “lo tio Xato”. Cabe recordar que el tío “Petxina”, trató personalmente con todo el pueblo puesto que trabajó en las oficinas del ayuntamiento durante muchos años. Éste comentó textualmente “se semble a lo tio arromangat”. Inmediatamente el tío “Xato”, sin decir nada, asintió con la cabeza, como dando el visto bueno a la apreciación del tío “Petxina”. Éste me comentó que le llamaban “arromangat” porque cogió el apodo de su mujer, aunque por otra parte también se le conocía por el tío “Pepe Sèpia” (apodo que le correspondía por parte paterna). Le pregunté si el tal “Pepe Sèpia” era José Simó, abuelo de José Simó Simó. Me dijo que sí, y que además vivió hasta casi los 100 años, a lo que el tío “Xato” añadió “i en lo caliquenyo sempre a la boca”.
Todo parecía ir encajando, habían tres identificaciones coincidentes, pero sin la certeza necesaria. Decidí probar suerte con más ancianos, y le mostré la fotografía a un grupo de ancianos, entre los que figuraba Francisco Martorell Navarro, conocido popularmente como “lo tio Paco Pataca”, quien tras verla, no supo identificarle. Le pregunté si podría ser el tío “Pepe Sèpia”, a lo que contestó balanceando ligéramente la cabeza y de forma dubitativa “podria ser”.
Pasaron varios meses y pensé que la identificación quedaría definitivamente en un rincón, hasta que Santiago Albiol, me comentó que le enseñó la fotografía a su abuela, “la tia Treseta la Buena o la Plorona”. Ésta descartó categóricamente que se tratase del tío “Pepe Sèpia”, y es más, confirmó que se trataba de un marinero y que se parecía a un hombre cuyo apodo era “de Camilo”. Cabe indicar que la tía “Treseta”, trabajó de remendadora entre los años 1930 y 1940, conociendo bien a los marineros de aquella época.
La tía “Treseta” prosiguió aportando datos, diciendo que tenía una hija llamada Irene, y una nieta con el mismo nombre y que aún vive, que vivía en la calle Escaleta y que “patia del bronquios”, y que, a la famlia de su madre les llamaban “de Felipa”.
Con este aluvión de información, comencé a inverstigar y conseguí elaborar un arbol genealógico de la citada familia.
Ahora tan sólo faltaba mostrar la fotografía al miembro de esta familia de mayor edad para salir de dudas.
Por medio de Lorenzo Medina, pude localizar a Jaime Sanz Serrat, propietario del restaurante “Casa Jaime”, con el que mantivimos una extensa charla.
Le mostré la fotografía, y sin dudarlo exclamó: “este es m’abuelo”, diciendo a continuación que se llamaba Manuel Sanz Albiol, y que su hijo, llamado Manuel Sanz Albiol, era su padre… (el padre de Jaime).
Nos contó un poco de su vida. Resulta que se le concedió el grado de Teniente, tras la guerra de Cuba. En ella, varios compañeros tuvieron que refugiarse en un cementerio cuando su buque fue bombardeado.
Era marinero de tradición familiar conocido popularmente con el apodo “de Camilo”. Solía pescar cerca de la costa con una pequeña embarcación, sobretodo al “batre”, razón por la cual pudo sobrevivir a la catástrofe. Su proximidad a la costa le permitió refugiarse a tiempo.
Era primo de D. Jaime Sanz (a) “el Ruso”, y en el momento de la fotografía, rondaba los 50 años de edad.
Al final, se le ha podido identificar, pero, de no haberlo conseguido, hubiésemos dejado ese rostro sin nombre, como un marinero anónimo, al igual que algunos de los náufragos o supervivientes del temporal de 1911, de los cuales nunca sabremos sus identidades.

Vicente Oms Llaudís
Artículo publicado en el suplemento especial 1 de la revista cultural Peñíscola, (diciembre – 2011)

