El denominado «temporal de la Candelera», ocurrido desde el 31 de enero al 2 de febrero de 1911, supuso un punto de inflexión en la historia marinera de Peñíscola.
No fue el número de víctimas lo que condicionó el “antes y después”, sino la reiteración de víctimas ocasionadas por temporales anteriores, como los ocurridos en los años 1883, 1886 y 1891, y que, sumadas a estas, y otras sucedidas de forma puntual, supondrían más de 150 víctimas, computando todos los marineros de Peñíscola fallecidos en el mar, en el período comprendido entre los años 1850 y 1930. Este fue realmente uno de los principales motivos por los que los medios de comunicación, organismos oficiales e instituciones públicas y privadas, se volcaron con este gremio, iniciando decididamente una campaña de concienciación pública, sobre la peligrosidad del trabajo de nuestros marineros y las condiciones de vida de sus familiares, tras el fallecimiento de los primeros.
Hasta la fecha, diferentes autores se han referido a este hecho de modo fugaz. Posiblemente por falta de información, o quizá, debido a que este drama, sufrido por gran parte de la población peñiscolana, siempre se le ha considerado en el seno familiar, como un tema de desagradable recuerdo, más aún, si en la propia familia hubo víctimas.
De hecho, el acceso a la información es un tanto complejo. Los documentos oficiales redactados como consecuencia de la catástrofe, se hallan diseminados en los archivos de diferentes organismos. Las fuentes de información a las que recurrir, ofrecen una información escasa, tergiversada o insuficiente, en el mejor de los casos. De ellas, las más fiables, sin lugar a dudas, son las declaraciones de los propios testigos. Por desgracia, los supervivientes y familiares directos de las víctimas, ya no están entre nosotros. Se llevaron consigo sus vivencias. Ahora tan sólo quedan algunos ancianos, que guardan vagos recuerdos de lo que les contaron sus abuelos, y por lo tanto, la información que aportan es muy puntual y escueta.
Consultados diferentes archivos, registros, bibliografía, artículos y demás trabajos, no se ha obtenido de ellos la información deseada. La única fuente que aporta cierto volumen de información, aunque un tanto deslavazada, y en ocasiones, con muchos errores, es la hemeroteca. Los periódicos de la época, reflejaron los acontecimientos tal cual fueron produciéndose, significando que, los medios escritos locales o comarcales, entraban más en detalle que los de ámbito nacional.
Pero no se debe caer en el error de dar por ciertas todas las informaciones, ya que ahora, cien años después, existe la posibilidad de contrastar y analizar toda esta información. En 1911, los canales utilizados para transmitir la información a las redacciones eran los telegramas, telefonemas y cartas, básicamente. En numerosas ocasiones, esta información era interpretada o transcrita de forma errónea en las redacciones. En otras, el afán de los redactores en influir en la opinión pública, les llevaba a enfatizar y dramatizar la noticia en exceso, aportando cada cual, una visión muy particular de lo que realmente era la información.
En este mar de dudas, informaciones sesgadas e interpretaciones erróneas, quizás nunca sepamos a ciencia cierta el número definitivo de víctimas, sus identidades y los detalles de la catástrofe. La búsqueda, recopilación de datos y su posterior análisis, favorecerá la aproximación a lo que realmente ocurrió.
El presagio de la tragedia
Aquel mes de enero de 1911, el mar parecía querer avisar. El 15 de enero, algunas parejas de «bou» de la matrícula de Peñíscola que faenaban en la zona norte de Castellón, se vieron sorprendidas por un mar con bastante oleaje. Algunas de ellas alcanzaron refugio al abrigo de la escollera del puerto de Castellón. En cambio, otras barcas de Peñíscola y Benicarló, intentaron ir mar adentro y combatir el temporal. En ese intento fallido, una de ellas no pudo hacer más que embarrancar en la playa contigua al puerto de Castellón, y otra, se salvó gracias al auxilio de otras embarcaciones.[1] Estas embarcaciones fueron sendos vapores que navegaban por la zona. La tripulación, compuesta de cuatro jóvenes, logró salvarse, pese a que su barca se fuera a pique.[2] Esta debía ser un laud de 7 metros de eslora, que por sus características, era tripulado habitualmente por cuatro o cinco marineros.
De la barca que embarrancó en la playa, no se habla de víctimas, por lo que se debe suponer que su tripulación salió ilesa. Esta barca embarrancada contra la baranda de la playa, pertenecía a Miguel Beltrán Vizcarro, ya que en 1913, recibió una compensación de 400 pesetas por avería en el puerto de Castellón el 15 de enero.[3]
Miguel Beltrán Vizcarro, en aquella fecha, era el propietario del laud «Vitoria», construido en 1910, de 12,10 metros de eslora y un peso de 14,32 toneladas. Esta barca fue reparada con la ayuda recibida, y posteriormente, vendida en 1915.[4] Este tipo de laud de 12 metros de eslora, era tripulado por siete u ocho marineros.
Cabe recordar que en esa época, cuando las condiciones del mar superaban las posibilidades de las frágiles embarcaciones de vela, los marineros recurrían a buscar refugio en los puertos de Castellón (1889), Vinaroz (1866) o la bahía de los Alfaques, en función de su situación, el viento y el oleaje. Otro recurso, aunque más peligroso, era enfrentarse y combatir el temporal mar adentro. Pero una vez la barca desarbolada, el recurso más temerario, fruto de la desesperación, era sin duda el intentar embarrancar en alguna playa que, en numerosas ocasiones, daba como resultado que la barca sin gobierno, arrastrada por la corriente y por formidables olas, se estrellase contra las rocas cercanas a las playas, debido a la poca o nula maniobrabilidad en esas circunstancias.
Otro hecho diferente ocurrido ese mismo día, describe que un laúd que venía huyendo del temporal y que en el intento de embarrancar en la playa de poniente de Peñíscola, naufragó. Los tripulantes ganaron a nado las rocas y fueron salvados por los vecinos que acudieron en su auxilio, pereciendo ahogado uno de los marineros llamado Vicente Tomás Castell.[5] Este hecho cobra veracidad en el sentido de que, desde la Comandancia de Marina, se recibió la noticia de haber naufragado una barca pesquera de Peñíscola, pereciendo un tripulante.[6]
Pero la confirmación definitiva de este naufragio, y la identidad del fallecido, se obtienen del acta de defunción de Vicente Tomás Castell (Vicente Tomás Sanz según la prensa).[7]
Respecto a la barca naufragada cerca de Peñíscola, Ramón Guzmán Blasco, percibió una compensación de 400 pesetas por pérdida de una barca el 15 de enero de 1911.[8]La barca propiedad de Ramón Guzmán Blasco tenía por nombre «Sanderer», naufragada el 15 de enero de 1911 en aguas de Peñíscola, construida en 1903, de 6,90 metros de eslora y un peso de 3,18 toneladas, y que, conociendo su eslora, es de suponer que se salvaron tres o cuatro marineros.[9]
Los efectos del temporal
El 31 de enero de 1911 se originó, en la zona costera comprendida entre Roses y Alicante, un fuerte temporal de Levante que se mantuvo, intensamente, hasta el 2 de febrero. Por esa razón, se le conoce como «Temporal de la Candelera». Los efectos de la tormenta fueron generalizados, incidiendo en muelles, barcas pesqueras y barcos mercantes.
Tal cual es el caso de tres barcos carboneros de Vizcaya que naufragaron frente a Sagunto. Dos de ellos pudieron salvar a toda su tripulación, en cambio, el «Abanto», perdió a toda su tripulación[10]. Los cuerpos de los 32 tripulantes del «Abanto», fueron apareciendo a lo largo de la costa cercana a Valencia, lo que hace bastante improbable que algún marinero peñiscolano apareciese en una zona tan alejada. No obstante, las autoridades no descartaban esa posibilidad, más aun, cuando cinco días más tarde, seguían apareciendo cadáveres.
Al único superviviente del «Abanto», Francisco Mas, que se salvó al no estar embarcado ese día, se reclamó su presencia para identificar los cadáveres que iban apareciendo. De no identificar alguno de ellos, se procedería a llamar a marineros de Peñíscola, para ver si se trata de tripulantes de las barcas que allí se perdieron. [11]
En el muelle de Castellón, el temporal incidió con bastante violencia, haciendo desaparecer varias barcas de Peñíscola; una de ellas era la «Virgen de la Ermitana». El temporal se describe como “furioso”, tanto que, fue capaz de desplomar paredes, techos y casas enteras.[12]
También en Vinaroz causó muchos destrozos el temporal de Levante, especialmente con la flota amarrada, llegando a despedazar veinte barcas del «bou».[13] Por todas partes se podían observar restos de embarcaciones. Las familias de marineros de Peñíscola y Benicarló, desplazadas a Vinaroz y ansiosas por saber la situación de sus seres queridos, quedaban estupefactas al contemplar la infinidad de barcas destrozadas.[14]
De las barcas despedazadas, o que sufrieron desperfectos, supuestamente, un mínimo de ocho pertenecían a peñiscolanos que residían en Vinaroz, o bien, faenaban de forma habitual allí, al abrigo de su escollera. Dentro del listado de damnificados por las pérdidas materiales en Vinaroz, figuran nombres característicos de Peñíscola.
Sus propietarios percibieron en Vinaroz, una indemnización que ascendía a 4.000 pesetas. Esta cantidad fue conseguida por el diputado D. Ramón Saiz de Carlos para paliar unas pérdidas valoradas en 17.959,30 pesetas. Las cantidades entregadas se correspondían con el 22,73 por ciento de los daños causados en las embarcaciones. Entre los damnificados podemos citar a Jaime Cabanes Martorell, Miguel Simó Bayarri, Juan Blasco Martí, Miguel Ayza Simó, Francisco Ayza Castell, Jaime Simó Guzmán, Juan Ayza Castillo y Antonio Simó Guzmán.[15]
Esto hace suponer, que un mínimo de 8 barcas de propietarios de Peñíscola, si no fueron más, sufrieron desperfectos dentro del puerto de Vinaroz. Entre ellos, Jaime Cabanes Martorell, era el propietario de la «Encarnación», de 7,5 metros de eslora[16], y Miguel Ayza Simó, era propietario de la «San Miguel», de 12,25 metros de eslora[17]. Obviamente, estos propietarios no percibieron ninguna indemnización en Peñíscola por daños materiales.
Salvamento de náufragos y supervivientes
Hay constancia de varios salvamentos llevados a cabo. En unas ocasiones fueron los propios náufragos quienes salvaron su vida, a base de coraje, luchando contra las olas; en otras ocasiones el vecindario, con el arrojo suficiente para exponer su propia vida; y en otras, aunque las menos, por la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos (SESN.).
Esta Sociedad, estaba compuesta por comités locales que recaudaban las cuotas entre sus socios, y que junto a las asignaciones que les llegaban del exterior, servían para el mantenimiento de una barca de salvamento insumergible a remo, una caseta para su conservación y el resto de material, como remos, salvavidas, etc., y para pagar al guarda que cuidaba de ella. El comité local de Vinaroz funcionaba desde 1881.[18] En Peñíscola no se disponía de este servicio, que no fue activado hasta 1927, por lo que fueron los propios vecinos, los que aún con riesgo de su propia vida, salvaron a numerosos náufragos.
El primero de estos salvamentos lo encontramos el día 15 de enero, en el que un laúd que venía huyendo del temporal, y que intentó embarrancar en la playa de poniente de Peñíscola, naufragó. Los tripulantes ganaron a nado las rocas y fueron salvados por los vecinos, que acudieron en su auxilio. Pereció ahogado uno de los marineros.[19]
Una de las primeras noticias de salvamentos, referidas al temporal de «la Candelera», menciona que, en la propia Peñíscola, algunas tripulaciones de barcas de pesca fueron salvadas por el vecindario, después de correr inminente peligro.[20] Este mismo hecho es publicado días más tarde, definiendo estos numerosos salvamentos como “heroicos”, y resaltando la abnegación del pueblo peñiscolano.[21]
No es de extrañar que el vecindario estuviese apostado sobre las murallas para poder divisar barcas en peligro o, incluso, algún náufrago intentando salvar su vida para ir rápidamente a prestar auxilio. Parece ser que, desgraciadamente, era algo habitual. A todo esto cabe añadir, para ilustrar tal circunstancia, una descripción que José Martorell Villalba (a) «Pepe Pataca», oyó decir a su abuela, Rosa Navarro Mundo, en la que le decía: “…la gente estaba sobre las murallas detrás del pueblo, mirando las barcas a lo lejos, y veían como se hundían una a una…”
En Castellón también hay constancia de salvamentos, aunque en esta ocasión fueron los propios tripulantes los que, tras desistir en su intento de refugiarse en la escollera debido al oleaje, por la dificultad y riesgo que suponía virar la escollera, no tuvieron otra posibilidad que embarrancar contra la playa saliendo todos ilesos. Según la prensa, de la pareja de «bou», una logró entrar en el puerto, en cambio la otra, llamada «Santa Catalina», embarrancó en la llamada «Acequia de l’obra».[22]
En Vinaroz también hay constancia de salvamentos de náufragos peñiscolanos, en unas ocasiones con éxito, en otras no. La actuación del Servicio de Salvamento de Náufragos, pecó de tardía y, según apreciación del cronista, se pudieron haber evitado algunas muertes.
“A la una de la tarde se divisó otra barca que luchaba horrorosamente para ganar el puerto; los espectadores desde el muelle estaban horrorizados y se lamentaban de no poderles prestar auxilio. Después de una larga y desesperada lucha, cuando ya estaba cerca, fue arrastrada la barca por la corriente y estrellada contra las rocas del contramuelle. Era una barca de la matrícula de Peñíscola. Dos, los más jóvenes, de los siete marineros que la componían, fueron arrojados a tierra; los cinco restantes, no pudieron ser socorridos por la fuerza del temporal y por no alcanzar a ellos los salvavidas y cuerdas que les echaban, después de una lucha más desesperada todavía, fueron desapareciendo uno tras otro bajo las olas. Todos los tripulantes son de Peñíscola. A las 5 de la tarde apareció uno de los cadáveres.
La Cruz Roja, que tan pocas simpatías ha merecido por parte de algunos de Vinaroz, es digna de los mejores elogios, pues ha prestado valiosísimos servicios multiplicándose y asistiendo a todas partes en lo que a tan benemérita institución correspondía.
No puede decirse lo mismo de otros elementos. Es creencia general de que el auxilio prestado a los marineros de Peñíscola pecó de tardío. De haber sido oportuno se habrían salvado cinco vidas y evitado días de luto y lágrimas en sus hogares. ¡Cuando acababa de estrellarse la barca contra las rocas, se preparaba a salir la lancha de salvamento!
De haber estado en la entrada del puerto con el personal necesario, doce hombres con el patrón, no hubieran naufragado los infelices marineros que ahora no pudieron salvarse a pesar de los esfuerzos plausibles y buenos deseos de Messegué que con gran abnegación mandaba la lancha de salvamento, era tarde.
Estas deficiencias han merecido las mayores censuras de todo Vinaroz; y si no se remedian, la gente de tierra está dispuesta a remediarlas por su cuenta y riesgo, aunque haya de avergonzar con ello a la gente de mar.”[23]
Alfonso Sancho y Rafael Martorell Mañes, fueron los dos niños que salvaron sus vidas al ser lanzados a tierra.
Otro salvamento ocurrido en Vinaroz, concretamente frente a Alcanar, es relatado a través de dos noticias que, en definitiva, se refieren a un mismo hecho, contando como dos jóvenes marineros lograron salvarse.
“…Desde esta ciudad nos dicen que frente a Alcanar una de las parejas del «bou» de la matrícula de Peñíscola, naufragó, pereciendo sus tripulantes después de luchar heroicamente contra las olas, excepto dos marineros, que, cogiéndose uno del otro fuertemente, pudo el más joven conducirle a nado a la rada de Vinaroz…”[24]
“…En aguas de Alcanar naufragó otra pareja de «bou», pereciendo sus tripulantes todos excepto dos. El más joven de los salvados asió fuertemente a su compañero y a nado lo llevó dos horas hasta que ganó el puerto de Vinaroz, en donde consiguió penetrar a pesar del fuerte oleaje…”[25]
Otros episodios narrados, cuentan cómo iban apareciendo supervivientes peñiscolanos en la costa de Vinaroz. En una ocasión, un carretero que venía del campo al atardecer, fue sorprendido por tres marineros que se salvaron saliendo a nado hasta la orilla. El carretero les condujo a Vinaroz y allí les prestaron ropas por estar sin ellas.[26] En otra ocasión, consiguieron llegar a la playa de Vinaroz, después de una lucha horrible de varias horas con las olas, tres marineros que naufragaron en Peñíscola.[27]
En la playa de Benicarló, también hay constancia de un joven, llamado Jesús Ferreres, que pudo salvar la vida asido a una tabla y luchando bravamente con las olas.[28]
También en Barcelona, en la playa de «Casa Antúnez»[29], hubo salvamentos en los que se vieron implicadas cinco barcas; una de la Barceloneta y las restantes de Peñíscola, Vinaroz y San Carlos de la Rápita. De los tripulantes de estas embarcaciones, tan sólo lograron salvar a catorce, de los cuales, dos quedaron heridos de gravedad. De las cinco barcas naufragadas tan sólo se perdió una.[30]
Pese a que fueron muchos los marineros salvados de los que se tiene noticia, siempre se recordará este temporal por el gran número de víctimas mortales. Algunos viejos marineros siguen denominándolo «el temporal de les pèrdues».
Peñiscolanos fallecidos y pérdidas materiales
La noche del 31 de enero de 1911, el temporal cogió por sorpresa a la totalidad de la flota pesquera de Peñíscola, compuesta mayoritariamente por embarcaciones de vela tipo laúd, que pescaban formando parejas de «bou».
Desde 1909, habían quedado definidos los límites de la pesca con artes de arrastre, siendo éstos, en el distrito de Vinaroz, entre la Farola de la Baña y Farola de Peñíscola, a tres millas tomadas desde la recta que une los mencionados faros, y entre Peñíscola y Oropesa, a tres millas desde la línea de bajamar.[31]
Por ello, la ubicación de éstas, no debía ser excesivamente lejana de la costa. Las barcas de 12 metros de eslora faenaban a mayor profundidad que las de 7 metros.
Esta razón explicaría por qué la gran mayoría de barcas naufragadas se corresponden con una eslora de entre 10 y 12 metros. Supuestamente, la proximidad a la costa permitió salvar del naufragio a toda la flota de barcas de 7 metros, que en Peñíscola era muy numerosa, dándoles tiempo justo para arribar a tierra. De lo contrario, si no fuese esta razón, cabría pensar en un defecto de diseño del tipo de laud de más de 10 metros de eslora, o bien, que sus características los hiciesen especialmente vulnerables a los temporales de esta magnitud, o a las complejas maniobras de viraje que debían realizar para ganar los muelles en estas circunstancias.
En 1911, los propietarios de barcas de Peñíscola, poseían un número superior a 22 barcas de más de 10 metros de eslora, y un número superior a 57 barcas de unos 7 metros de eslora, que faenaban en diferentes puertos, principalmente en Peñíscola y Vinaroz. Esta proporción aplicada a las barcas naufragadas, daría como resultado que, por cada 2 barcas de 10 metros naufragadas, habrían naufragado 5 barcas de 7 metros, pero, por el contrario, en Peñíscola naufragaron 8 barcas de 10 metros y 1 barca de 7 metros, según las crónicas.
En plena tempestad, tal era la situación que, al anochecer, muchas parejas de «bou» se vieron obligadas a distanciarse debido a la intensa lluvia y el mar agitado. Las barcas se dispersaron en direcciones distintas.[32] La noche del 31 de enero fue muy larga, y cuando amaneció, las embarcaciones que todavía permanecía a flote, según su ubicación, tomaron la determinación de intentar llegar al refugio más cercano; algunas llegaron hasta el puerto de Castellón; otras decidieron dirigirse hacia Peñíscola, quizás con la intención de embarrancar en la playa y conseguir ganar a nado la costa; otras se dirigieron hacia Vinaroz buscando el refugio de su muelle; otras se dirigieron en dirección a los Alfaques para que a medida que se internaban en su bahía, aflojara la crudeza del temporal y la magnitud de las olas. La mayoría de barcas perdieron todo gobierno y comenzaron a quedar a merced de las olas.[33]
En Castellón, arribó una pareja de «bou». Una de ellas pudo ganar el puerto pese a la fuerza con que el oleaje las arrastraba hacia la playa. La otra embarcación de la pareja, la «Santa Catalina», no lo consiguió, pero pudo salvarse embarrancando en la playa de Castellón, en el sitio denominado «Casa de la Obra».
Un viejo marinero peñiscolano, superviviente de la «Santa Catalina», narró con todo detalle la evolución del temporal mar adentro. La narración ofrecida es la siguiente:
“Serían sobre las 10 de la mañana del día 31 de enero último, cuando aparecieron rodeando nuestras embarcaciones, enormes trombas benignas y así como una finísima lluvia, sin que esto amenazara en un principio peligro alguno. Faltarían pocos minutos para dar las dos de la tarde, cuando la lluvia fue más copiosa, siendo acompañada con fuerte viento de Levante, que, aunque nos era favorable para la navegación, no pudimos dirigir nuestras barcas hacia punto alguno donde pudiéramos ponernos al abrigo del temporal, por impedírnoslo la lluvia que cada momento era más abundante.
No nos cabía otro remedio que quedarnos en alta mar, y así lo hicimos, pero llegamos al anochecer y cuando serían sobre las siete de la tarde, el temporal, que ya era bastante duro, recrudeció de tal forma, tomó tales proporciones, que nos alarmó en gran manera. A las nueve se declaró el mar horroroso y temible, cambiando el viento benigno en huracanado.
El temporal era de lo más peligroso que conocíamos hasta la fecha, pues el mar, aún no había pasado media hora, tomaba el aspecto, de lo que la gente de mar llamamos de «llamp» jamás visto en estas costas.
Desde ese momento nuestras embarcaciones quedaron a merced del oleaje y del viento, que las arrastraban de un punto a otro con furioso ímpetu como si fuesen barquitas de papel. Nuestros esfuerzos para dirigirnos a la costa y ponernos a salvo fueron completamente inútiles. Los marineros en aquellos tristes y apurados instantes, éramos unos lanzados de a bordo por las olas y otros sumergidos con sus barcas.
Jamás hemos conocido un temporal semejante, que por lo visto ha sido general en toda la costa del Mediterráneo desde Rosas hasta Alicante.”[34]
Los náufragos supervivientes de Peñíscola que permanecían en el Grao de Castellón, tenían hijos y parientes que lograron salvarse del temporal en otros puntos de la costa.[35] Uno de ellos recibió una carta de su familia diciéndole que su hijo pereció ahogado.[36]
Dos días más tarde, y después de titánicos esfuerzos, se consiguió poner a flote la barca «Santa Catalina» de la matrícula de Peñíscola, embarrancada en la playa del Pinar.[37]
Pero ésta no fue la única perdida material. Otra barca de Peñíscola, la «Virgen de la Ermitana», se fue a pique dentro del puerto de Castellón debido al fuerte oleaje que barrió la escollera.[38]
En Castellón no falleció ningún peñiscolano; tan sólo hubo pérdidas materiales. Se hace mención a la desaparición de varios barcos pequeños de la matrícula de Peñíscola refugiados en el puerto de Castellón. No se sabe si esa alusión se refiere a las dos barcas anteriormente mencionadas, y que podrían componer una pareja de «bou», o si por el contrario pudo haber desaparecido alguna embarcación más de Peñíscola.
En Torreblanca, también hubo pérdidas humanas y materiales. Inicialmente aparecieron en la playa de Torreblanca siete cadáveres.[39] Tras su identificación resultaron ser seis de Peñíscola y uno de Vinaroz.[40] Posteriormente se localizó una barca de «bou», sumergida en la arena, a cinco brazas de la costa y frente a «Cap y corp», ignorándose su matrícula.[41] Supuestamente, los tripulantes de esta barca de bou son los siete cadáveres aparecidos en la playa de Torreblanca, debido a la proximidad de los hallazgos, y por consiguiente, la barca sería del tipo de 10 a 12 metros de eslora.
En Vinaroz, además de las barcas con averías que citamos anteriormente, también hubo pérdidas humanas y materiales de marineros de Peñíscola. En la mañana del miércoles 1 de febrero, en el muelle de Vinaroz, entró una «parella de bou», que después de una lucha horrorosa entre la vida y la muerte, lograron vencer la dificultad casi insuperable. Al verse a salvo, los marineros y el numeroso público del muelle prorrumpieron en vivas a San Sebastián. Horas después, concretamente a la una de la tarde, se divisó otra barca que luchaba horrorosamente para ganar el puerto; los espectadores desde el muelle estaban horrorizados y se lamentaban de no poderles prestar auxilio. Después de una larga y desesperada lucha, cuando ya estaba cerca, la barca fue arrastrada por la corriente, según crónicas por una ola formidable, y estrellada contra las rocas del contramuelle.[42]
Se trataba del laúd «Santa Isabel» de la matrícula de Peñíscola, que se estrelló, contra la parte exterior del malecón de poniente del puerto de Vinaroz.[43] De los siete marineros que la tripulaban, dos de ellos, los más jóvenes, fueron arrojados contra las rocas quedando heridos de consideración; los cinco restantes, no pudieron ser socorridos por la fuerza del temporal y por no poder alcanzar los salvavidas y cuerdas que les echaban. Después de una lucha más desesperada todavía, desaparecieron uno tras otro bajo las olas. Todos los tripulantes eran de Peñíscola, siendo sus nombres los siguientes:[44]
Vicente Tomás Pedra, apodado «Tubís», patrón de la «Santa Isabel», fallecido.
Mateo Esbrí Boix, fallecido.
Romualdo Cabanes Martorell, de 40 años, fallecido.
Romualdo Cabanes Cubells, de 19 años, fallecido, hijo del anterior.
Francisco Martorell Mañes, de 13 años, fallecido.
Rafael Martorell Mañes, niño superviviente, hermano del anterior.
Alfonso Sancho, niño superviviente.
Dentro de los testimonios obtenidos por familiares directos, descendientes de estos supervivientes, destacamos el aportado por Francisco Martorell Navarro (a) «Paco Pataca», el que nos matiza y aporta más información respecto a este episodio.
Don Francisco nos comenta que, tanto Francisco Martorell Mañes (fallecido) como Rafael Martorell Mañes (superviviente), eran hermanos de su padre llamado Agustín Martorell Mañes. Además tenían tres hermanas, de las que una estaba casada con un tripulante de la «Santa Isabel» y que, tras conocer su muerte, textualmente “es va tombà”. Prosigue diciendo que todos vivían en Vinaroz, antes y después de la tragedia. Respecto a su tío Rafael, nos dice que del golpe contra el muro, se quedó “malament d’una cama”, y que el resto de su vida permaneció soltero sin descendencia.
A continuación, nos describe los hechos según se los contaron a él:
“El temporal rompió las cuerdas y se quedaron sin vela y, por lo tanto, sin gobierno de la barca casi en la entrada del puerto. Al patrón se lo llevó una ola y murieron todos ahogados menos los dos más jóvenes que fueron lanzados por una ola contra la escollera del puerto.”
Pero este no fue el único naufragio en Vinaroz. Además del laud «Santa Isabel», hubo al menos otra barca que naufragó cerca de Vinaroz, con al menos dos marineros salvados que consiguieron entrar a nado en el puerto de Vinaroz, pereciendo el resto de la tripulación.
Hay constancia de al menos dos barcas que naufragaron por aquella zona; la barca «San Rafael» construida en 1887, de 12 metros de eslora y un peso de 13 toneladas, propiedad de Rafael Puigcerver Bayarri, según consta, “naufragó el 31 de enero de 1911 en aguas del Distrito de San Carlos de la Rápita”[45]; la barca «Pilar» construida en 1909, de 11,40 metros de eslora y un peso de 15,13 toneladas, propiedad de Manuel Albiol Castell, según consta, “naufragó el 31 de enero de 1911 en aguas de Alcanar”. [46]
Tal era la situación que personal de la Cruz Roja de Vinaroz, se puso a recorrer la zona costera en espera de lo que pudiera ocurrir. Los cadáveres comenzaron a aparecer, de hecho, en la tarde del día 2 de febrero, encontraron el cadáver de un niño de 7 años ahogado. Las autoridades de Vinaroz, tomaron la determinación de que los cadáveres que fuesen apareciendo en los días sucesivos en las playas de Vinaroz, serían enterrados en cuatro nichos que tenía a su disposición la Sociedad de Salvamento de Náufragos.[47] El lugar donde aparecieron la mayor parte de los cadáveres, fue en la playa denominada «El Puntón».[48]
En Barcelona, también hubo pérdidas materiales y humanas. El día 1 por la tarde y noche, saltó la noticia desde Barcelona del naufragio de varias barcas de pesca. El día 6 de febrero, la comandancia de marina de Barcelona confirmó la desaparición de: “3 barcas de Mataró, con 18 tripulantes, 2 barcas de Masnou, con 11 tripulantes, 3 barcas de Barcelona, con 18 tripulantes, 2 barcas de Vilasar, con 11 tripulantes, 2 barcas de Badalona con 12 tripulantes”, diciendo a continuación que: “además naufragó en estas costas una barca de Peñíscola con tripulantes”.[49]
En realidad, y según los listados de damnificados que se publicaron meses más tarde, así como las indemnizaciones satisfechas en 1913, dan la cifra de 13 marineros de Peñíscola fallecidos en aguas de Barcelona, y de hecho, pertenecían a las tripulaciones de varias embarcaciones. María Guzmán Ayza, madre de los hermanos Blasco, percibió en Barcelona una indemnización por la pérdida de una barca, y Dolores Castell Simó, madre y esposa de los Salvador, percibió asimismo una indemnización por la pérdida de dos barcas.[50]
La Voz de Menorca se hace eco de un telegrama remitido desde Barcelona el día 9 a las 8:30 horas, en el que dice:
“Víctimas de los temporales. A medida que se van publicando detalles de los estragos que causaron los últimos temporales se puede juzgar mejor la magnitud de la catástrofe. De una sola familia apellidada Guzmán perecieron ahogados ocho hombres. Otra familia de la Barceloneta apellidada Peñíscola, perdió también cinco hombres. Se perdió una barca que iba tripulada por Antonio Salvadó y cuatro hijos suyos, pereciendo todos.”
La anterior noticia quizás fue mal interpretada, y por lo tanto, mal redactada puesto que los ocho miembros de la «familia Guzmán», perecieron en Peñíscola (los enrolados en las barcas de «Sigró»), salvo que se refiera a otra familia residente en la Barceloneta y que perdió ocho miembros, conocía por la «familia Blasco», y que algunos miembros ostentan el apellido Guzmán.[51] La otra familia de la Barceloneta que perdió cinco hombres, es la «familia Salvador», a la cual supuestamente se la conocía allí con el apodo de «Peñíscola» por ser ese su origen.
Los miembros de la «familia Salvador» fallecidos en aguas de Barcelona son:
Antonio Salvador Albiol, padre.
Antonio Salvador Castell, de 22 años, hijo del anterior.
Vicente Salvador Castell, de 19 años, hermano del anterior.
Alberto Salvador Castell, de 17 años, hermano del anterior.
José Salvador Castell, de 14 años, hermano del anterior.
Los miembros de la «familia Blasco» fallecidos en aguas de Barcelona son:
Antonio Guzmán Roig, de 33 años.
Jaime Guzmán Roig, de 23 años, hermano del anterior.
José Blasco Guzmán, de 18 años.
Bautista Blasco Guzmán, de 15 años, hermano del anterior.
Manuel Bayarri Salvador, de 17 años.
Vicente Castell Oms, de 17 años.
Eusebio París Albiol, de 19 años.
Marcos Ayza Sanz, de 7 años.
No se tienen noticias sobre si los cuerpos fueron encontrados, si hubo algún tripulante superviviente, ni tampoco se sabe el nombre de las barcas que naufragaron.
La familia Salvador, dejó tras de sí a una viuda (Dolores Castell Simó) y 3 huérfanos, de los cuales, Hilario Salvador Castell, llegaría a ser Alcalde de Barcelona entre los años 1937 y 1939. [52]
En Peñíscola la situación era dramática, al igual que en Vinaroz. Multitud de vecinos se encontraban sobre las murallas y en las playas esperando la arribada de alguna embarcación para prestarles ayuda desde tierra. La angustia de las familias de los marineros crecía a medida que pasaban las horas y no se tenían noticias de sus seres queridos. Siempre les cabía un rayo de esperanza, deseosas de que hubiesen conseguido refugio en Vinaroz o Castellón. Pero las noticias que llegaban de estas poblaciones eran poco alentadoras.
La primera noticia que llegó desde Peñíscola, se corresponde con el día 2 de febrero, en la que se da cuenta de la desaparición de 40 marineros. La noticia fue publicada el día 3, refiriéndose al día 2. Evidentemente, este primer recuento debió producirse el mismo día 1 de febrero. Hay que tener en cuenta que las noticias corrían con fluidez desde poblaciones más importantes, como por ejemplo Barcelona, Castellón y Vinaroz, en cambio, las procedentes de Peñíscola llegaban con bastante retraso a las redacciones (entre 2 y 5 días).
El día 6 de febrero, y tras cinco días de recuentos en las listas de fallecidos, «el Restaurador» da una noticia con bastante fiabilidad diciendo que:
“No son diecinueve sino treinta y siete los vecinos de Peñíscola que perecieron ahogados durante el último temporal y el número de barcas perdidas asciende a ocho, ignorándose el paradero de otras tantas. Entre las víctimas están Antonio Guzmán, José Blasco, Agustín Mundo, Manuel Bayarri, Vicente Castell, Marcos Ayza Sans, Antonio Salvador y cinco hijos. La desgracia, que ha causado profunda sensación en el pueblo de Peñíscola, es doblemente sensible, pues con los marineros naufragados iban niños de corta edad que naufragaron también.”
Es decir, que sobre el recuento inicial de seis barcas destruidas en Peñíscola, añaden dos más.
Pero este recuento de barcas es poco fiable. Una de las barcas del apodado «Sigró», concretamente la «San Antonio», se la considera dentro de las ocho barcas perdidas, cuando en realidad no se perdió, apareció embarrancada en la playa de Peñíscola frente a «Les Doies»: El comandante de Marina del distrito recibió ayer tarde un despacho telegráfico del Ayudante de Marina de Vinaroz, que dice así: “Cabo mar de Peñíscola me comunica naufragio barca «San Antonio», folio 1.071, de esta matrícula, desaparecidos sus ocho tripulantes.”[53]
Vicente Guzmán Ayza (a) «Sigró», era el propietario de la «San Antonio», construida en 1907, de 11,49 metros de eslora y un peso de 14,99 toneladas[54] que, posteriormente, fue reparada y puesta en servicio, conociéndola a partir de ese momento entre los propios marineros como «El Cementerio», ya que, apareció la barca pero fallecieron sus ocho tripulantes.
Respecto a la aparición de cadáveres, se produjo mucha confusión. Cualquier cuerpo que aparecía en las costas, inmediatamente suponían que podían ser náufragos de Peñíscola, no siendo así en alguna ocasión, puesto que las flotas pesqueras de otras localidades costeras cercanas, también tuvieron bajas, aunque ciertamente muy pocas en comparación con Peñíscola.
Pero la duda surge respecto a la noticia del día 4 de febrero, expresada anteriormente, en la que afirma que:
“Los cadáveres recogidos en Peñíscola son 19”. Esta noticia da por hecho que han aparecido 19 cadáveres, pero no es cierto, ya que entre los cadáveres supuestamente recogidos el día 4, figura Antonio Castell París (a) «Tarratita», y éste no fue hallado hasta el día 20 de febrero: “Castellón, 20. Después de veinte días de ocurridos los naufragios, se ha descubierto hoy, entre las rocas de la costa de Peñíscola, un cadáver. De tal modo estaba empotrado entre las piedras, que la extracción se hacía difícil, teniendo necesidad de remover las rocas sacando por fin el cuerpo descompuesto y destrozado.”[55]
“De Peñíscola participamos que empotrado fuertemente entre las rocas ha aparecido el cadáver de un náufrago, que a pesar de estar completamente destrozado pudo ser reconocido por su esposa por el remiendo de un calcetín.”[56]
“La identificación se ha logrado por uno de los calcetines, que tenía un remiendo y que reconoció enseguida la infeliz viuda del náufrago, que fue presa de un fuerte accidente nervioso.”[57]
“Estaba destrozado, pero se le ha podido identificar, resultando ser Antonio Castell.”[58]
Además del error observado, de figurar como cadáver recogido cuando en realidad no había aparecido, se puede añadir otro: Los marineros de aquella época no llevaban calcetines; la mayoría iban descalzos.
Según relato de Francisco Martorell Navarro (a) «Paco Pataca», realmente, el reconocimiento se produjo por un remiendo en la blusa del fallecido que rápidamente reconoció su viuda (Antonia Guzmán Navarro), ya que la tela utilizada, era un pedazo de tela de un vestido viejo de su hija.
El número definitivo de víctimas aparece casi dos años después de producida la catástrofe, indicando que fallecieron 34 marineros de Peñíscola.[59] Si partimos de este dato cierto, y se disminuyen en 13 fallecidos ciertos en Barcelona, en 5 fallecidos ciertos en Vinaroz, en 6 fallecidos ciertos en Torreblanca, nos da un resultante máximo de 10 fallecidos en Peñíscola; 8 tripulantes de la «San Antonio», y otro llamado Vicente Tomás Castell, fallecido el 15 de enero e incluido en los listados de los socorros. Todo ello hace suponer que la barca hundida encontrada en Torreblanca pueda ser la «Ermitana».
Pero no toda la flota fue barrida por el temporal, hubo gran número de marineros que salvaron sus vidas. Por ello, pudieron salvarse algunos componentes de tripulaciones que en un principio se les dio por desaparecidos o fallecidos. El día 6 de febrero, una noticia fechada el día 4 a las 11 de la noche en Valencia, dice textualmente:
“Los datos oficiales referentes al naufragio de seis barcas de la matrícula de Peñíscola confirman la cifra de 19 ahogados y la de 34 salvados, que se refugiaron en Alfaques. Todos los náufragos eran hijos de Peñíscola.”[60]
Relación de fallecidos
Es sumamente difícil redactar una relación completa de las víctimas, y mucho más, averiguar las tripulaciones de las embarcaciones. A lo largo de los años, han ido apareciendo diferentes relaciones en las que los fallecidos fluctúan considerablemente, tanto numérica como nominalmente. Esto responde a que se ha tenido en cuenta la información de un solo medio, en un momento puntual.
Para evitar cometer los mismos errores, es indispensable indicar que, para la elaboración de esta relación, se han tenido en cuenta los listados de los socorros entregados desde 1911 a 1913, así como todas las noticias publicadas, debidamente contrastadas, y otras fuentes de información.
Por ello, se han descartado los listados iniciales publicados en los días inmediatos a la catástrofe. Son más fiables las relaciones de las indemnizaciones, pues éstas, fueron entregadas varios meses más tarde, con el suficiente tiempo para que los listados fuesen completos.
Nuestro interés radica en publicar únicamente los peñiscolanos fallecidos en aquel temporal, viviesen o no en Peñíscola, sin tener en cuenta el lugar donde tenían sus barcas. Se excluye, pues, los marineros que aparecen en algunas relaciones pero que no son de Peñíscola, como por ejemplo, el caso de Bautista Febrer Alsina, que era de Benicarló, pero que su viuda cobró el consiguiente socorro en Peñíscola. También se excluye a Agustín Mundo Blasco, que en los primeros listados lo daban como fallecido en Barcelona, pero que en los listados de las indemnizaciones no aparece ni en Barcelona ni en Peñíscola, nadie cobró socorro alguno por él. Es más, investigada su descendencia, se ha comprobado que tuvo hijos después de 1911.
Los marineros peñiscolanos que aparecen en esta relación, los podemos dar por ciertos con total fiabilidad. Es posible que no estén todos, o que contenga algún dato inexacto, por lo que este listado debe considerarse abierto a todos los efectos.
1.- Antonio Salvador Albiol, casado, falleció en Barcelona el 31 de enero. Dejó una viuda, Dolores Castell Simó, y tres hijos, uno de ellos llamado Hilario. Su viuda cobró una indemnización por dos barcas perdidas, aunque posiblemente tan sólo sea una barca, ya que la cantidad cobrada se corresponde con lo que cobraron otros propietarios por una barca perdida.
2.- Antonio Salvador Castell, soltero, de 22 años, hijo del anterior. Falleció en Barcelona el 31 de enero.
3.- Vicente Salvador Castell, soltero, de 19 años, hermano del anterior. Falleció en Barcelona el 31 de enero.
4.- Alberto Salvador Castell, soltero, de 17 años, hermano del anterior. Falleció en Barcelona el 31 de enero.
5.- José Salvador Castell, soltero, de 14 años, hermano del anterior. Falleció en Barcelona el 31 de enero. Es de suponer que todos los anteriores estaban enrolados en la barca de su propiedad.
6.- Manuel Bayarri Salvador, soltero, de 17 años, falleció en Barcelona el 31 de enero. Dejó a su madre, Antonia. Por sus apellidos, quizás fuese pariente de los anteriores y estuviese enrolado en la misma barca.
7.- Eusebio París Albiol, soltero, de 17 años, falleció en Barcelona el 31 de enero. Dejó a sus padres sexagenarios y pobres, Bautista París Salvador y Antonia Albiol, y a una hermana llamada Antonia París Albiol. Por los apellidos de sus padres, también es posible que estuviese enrolado en la barca de la familia Salvador, con lo que su tripulación contaría con un mínimo de 7 tripulantes, ya que pudo de existir algún superviviente.
8.- José Blasco Guzmán, soltero, de 18 años, falleció en Barcelona el 31 de enero. Dejó a su madre desamparada y pobre, Josefa María Guzmán Ayza, viuda, de 57 años.
9.- Bautista Blasco Guzmán, soltero, de 15 años, falleció en Barcelona el 31 de enero. Es hermano del anterior. Su madre, Josefa María Guzmán Ayza, cobró una indemnización por una barca perdida. Ello hace suponer que ambos estaban enrolados en la barca de su propiedad, aunque por su edad, quizás ninguno de los dos fuese el patrón.
10.- Jaime Guzmán Roig, soltero, de 23 años, falleció en Barcelona el 31 de enero. Dejó a su madre, Agustina Roig Bayarri, viuda, de 60 años.
11.- Antonio Guzmán Roig, casado de 33 años, falleció en Barcelona el 31 de enero. Dejó una viuda, Francisca Martorell Pedra y tres hijos menores. Es hermano del anterior lo que hace suponer que estaban enrolados en la misma barca. Posiblemente, y por sus apellidos, en la barca de los hermanos Blasco Guzmán.
12.- Vicente Castell Oms, soltero, de 19 años, falleció en Barcelona el 31 de enero. Dejó a sus padres, Vicente Castell Sanz y María Oms, y a un hermano menor. Posiblemente enrolado en la barca de los hermanos Blasco Guzmán.
13.- Marcos Ayza Sanz, soltero, de 7 años (algún medio le atribuye 12 años), falleció en Barcelona el 31 de enero. Dejó a padres (y hermanos según medios), Marcos Ayza Castell y Rosa Sanz Martínez.
14.- Vicente Tomás Pedra, apodado «Tubís», casado, falleció en Vinaroz el 1 de febrero. Era el patrón de la barca «Santa Isabel» de 11,20 m. de eslora. Su viuda, Ramona Cabanes Martorell, de 40 años de edad, cobró una indemnización por una barca perdida. Dejó dos hijos, llamados Vicente y Ramona.
15.- Mateo Esbrí Boix, casado, falleció en Vinaroz el 1 de febrero. Era tripulante de la barca «Santa Isabel». Dejó una viuda, Rosa Arenós Coll, y una hija nacida en 1908, llamada María.
16.- Romualdo Cabanes Martorell, casado, de 40 años, falleció en Vinaroz el 1 de febrero. Era tripulante de la barca «Santa Isabel» y cuñado del patrón. Dejó una viuda, Vicenta Cubells Albiol, y tres hijos, llamados Jaime, Rafael y Romualda.
17.- Romualdo Cabanes Cubells, soltero, de 12 años, falleció en Vinaroz el 1 de febrero. Era tripulante de la barca «Santa Isabel» y sobrino del patrón y propietario, e hijo del anterior. Dejó a su madre viuda, Vicenta Cubells Albiol, y a tres hermanos.
18.- Francisco Martorell Mañes, soltero, de 13 años, falleció en Vinaroz el 1 de febrero. Era tripulante de la barca «Santa Isabel». Dejó a sus padres pobres, Agustín Martorell Ayza y Rosa Mañes, dos hermanas y dos hermanos, llamados éstos Rafael (superviviente de la «Santa Isabel») y Agustín (a) «Pataca».
19.- Gabriel Guzmán Ayza, apodado «Estrella», según otros medios apodado como «Viejo de Estrella», casado. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero. Debía pertenecer a la tripulación de la barca «San Antonio» o «Ermitana», ya que era hermano del propietario de éstas. Dejó una viuda, Manuela Gilabert Ayza, y cinco hijos llamados Tomás, Antonio, Antonia, Manuela y Magdalena.
20.- Ángel López Expósito, soltero, de 11 años, prohijado del anterior. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero. Supuestamente enrolado con el anterior, en alguna de las barcas de «Sigró». Respecto a su nombre, los medios se refieren a él de las siguientes maneras: Ángel Expósito, Ángel Llanos, Ángel López y Miguel López.
21.- Tomás Guzmán Ayza apodado «Estrella», casado. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero. Posiblemente fuese tripulante de la barca «Ermitana», cuyo propietario era hermano suyo. Dejó una viuda, Valentina Navarro París, y tres hijos llamados, Valentina, Jaime y José.
22.- Tomás Guzmán Navarro, soltero, de 21 años. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero. Era hijo del anterior. Posiblemente fuese tripulante de la barca «Ermitana».
23.- Antonio Guzmán Navarro, soltero, de 16 años. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero. Era hermano del anterior. Posiblemente fuese tripulante de la barca «Ermitana».
24.- Justo Guzmán Navarro, soltero, de 13 años. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero. Era hermano del anterior. Posiblemente fuese tripulante de la barca «Ermitana».
25.- Vicente Guzmán Navarro, apodado «Sigró», casado, de 27 años. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero. Su padre era el propietario de la «San Antonio» y de la «Ermitana», por lo que debía ser patrón de la «San Antonio». Dejó una viuda, María Oms Coscollano, y dos hijos menores de 7 años.
26.- Jaime Guzmán Navarro, apodado «Sigró», soltero. Era hermano del anterior. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero. Debía pertenecer a la tripulación de la barca «San Antonio» o «Ermitana».
27.- Agustín Guzmán Roig, apodado «Estrella» y según otros medios «Molina», de 32 años, casado. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero. Pertenecía a la tripulación de la barca «San Antonio» con total seguridad. Era hermano de los Guzmán Roig fallecidos en Barcelona, y primo hermano de los «Sigró». Dejó una viuda, Rosa Coll Pedra, y cuatro hijos llamados, Antonio (a) «Monago», Agustín, Bautista y María Rosa.
28.- José Antonio Castell París, apodado «Tarratita», de 26 años, casado. Falleció en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero, aunque su cuerpo no fue hallado hasta el día 20 de febrero. Debía pertenecer a la tripulación de la barca «San Antonio» o «Ermitana», ya que era yerno de su propietario. Es más, inicialmente estaba casado con una hija del propietario, llamada Dolores, con la que no tuvo descendencia, y tras la muerte de ésta, se casó con su hermana Antonia Guzmán Navarro, quedando viuda y con dos hijas de él, llamadas Dolores y Antonia.
29.- Antonio Ayza Pons, apodado «Chiviu», según otros medios apodado «Chiria» o «Chirín». Debió fallecer en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero, sin poder saber la barca en la que faenaba. Dejó una viuda, Teresa Castell Martín, embarazada. Algún medio lo identifica como Antonio Ayza Peris.
30.- Rafael Serrat Salvador, apodado «de la Muchacha», soltero. Debió fallecer en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero, sin poder saber la barca en la que faenaba. Dejó a un padre, Juan Serrat Salvador.
31.- Marcelino Albiol Roig, apodado «de la Rosario», soltero. Debió fallecer en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero, sin poder saber la barca en la que faenaba. Dejó a su madre viuda, Rosario Roig Ayza, y a una hermana llamada Magdalena, desamparadas. Algún medio lo identifica como Marcelino Albiol Ruiz.
32.- Vicente Albiol Arenós, apodado «de Magdalena Curca», según otros medios apodado «Magdalena de Cures», soltero. Debió fallecer en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero, sin poder saber la barca en la que faenaba. Dejó a sus padres, dos hermanas y un hermano de 8 años, sin recursos. Su padre, José Antonio Albiol Miralles.
33.- Pascual Oms Salvador, apodado «del Esquerré», casado. Debió fallecer en las cercanías de Peñíscola entre el 31 de enero y 1 de febrero, sin poder saber la barca en la que faenaba. Dejó una viuda pobre, Rosa Ferreres Arenós, de 60 años.
34.- Vicente Tomás Castell, soltero, de 21 años. Falleció el 15 de enero a 12 km al sur de Peñíscola. Era tripulante de la barca «Sanderer» de 6,90 m de eslora y cuyo propietario era Ramón Guzmán Blasco. Dejó a sus padres pobres, Juan Tomás Drago y Manuela Castell, y a tres hermanos llamados, Eduardo de 30 años, Vicenta Rosa de 24 años y Serapia de 17 años. Algún medio lo identifica como Vicente Tomás Sanz.
Socorros a los damnificados
Independientemente de los salvamentos y primeras ayudas a los náufragos, ofrecidas principalmente por las autoridades locales y miembros de la Cruz Roja, hubo un movimiento generalizado de la sociedad a favor de las familias de las víctimas.
Los medios escritos, fueron realmente los iniciadores de este movimiento alimentándolo con frases como:
“Por ello pues, pedimos al gobierno, a la Diputación y a cuantos puedan hacer algún sacrificio por las familias de las víctimas de Peñíscola lo hagan y merecerán nuestros elogios, así como los del pueblo en general, y la gratitud de las familias de los náufragos. (…) «El Clamor» aplaude de veras las conductas de todas aquellas personas que socorran a las familias de las víctimas, que se encuentran verdaderamente necesitadas y en el mayor desamparo”[61]
“Las familias de los desgraciados marineros que han perecido en el mar, hállanse en la mayor miseria, teniendo que ir algunas de ellas a implorar la caridad pública para atender a su sostenimiento.”[62]
El 3 de febrero, los diputados por la provincia de Castellón, Sres. Cantos y Saiz de Carlos, visitaron al ministro de la Gobernación para interesarle el envío de algunos socorros a las familias de los náufragos de los pueblos del distrito de Vinaroz.[63] Lo mismo hizo el gobernador civil de Castellón, don Leopoldo Riu, que en cuanto recibió el oficio de Peñíscola, telegrafió al Ministro de la Gobernación, dándole cuenta de la magnitud de la catástrofe, rogando socorros con toda urgencia para las familias de las víctimas.[64]
El 4 de febrero a las 13:08, el alcalde de Vinaroz, Don Felipe Ferrer, recibió un telefonema de Madrid, del Diputado a Cortes por Vinaroz D. Ramón Saiz de Carlos, el cual decía: “Dígame importancia catástrofe Peñíscola y Vinaroz, a causa temporal. Saiz Carlos”. Tras contestarle el alcalde, éste recibió otro de Saiz de Carlos a las 15:55 horas, en el que decía: “Mande Peñíscola 250 pesetas mías que remito a V. correo para familias náufragos. Saiz Carlos”. El alcalde Sr. Ferrer mandó un representante con dicha cantidad que fue entregada al alcalde de Peñíscola y repartida al día siguiente entre las siete familias de los 19 ahogados.[65]
El 5 de febrero, el alcalde de Benicarló, don José Fibla Pitarch, convocó a sesión extraordinaria al ayuntamiento que presidía, así como a las personas pudientes de Benicarló, al objeto de buscar fondos, por todos los medios que estuviesen al alcance de los mismos, para las desamparadas familias de los náufragos de Peñíscola.[66]
El 6 de febrero, el capitán General, conde de Serrallo, recibió un telegrama de la señora marquesa de Squilache, ofreciéndose, como presidenta de la Junta de Damas de la Cruz Roja, a enviar socorros para las familias de las víctimas de los naufragios ocurridos en las playas de Canet, Peñíscola y Vinaroz. En vista del ofrecimiento, se puso en contacto con el comandante de Marina y los alcaldes de Castellón, Sagunto y Vinaroz, solicitando listados de víctimas.[67]
Como consecuencia de esta solicitud, el 7 de febrero, el comandante de marina dispuso que los ayudantes y cabos de mar encargados de los puertos y embarcaderos de esta provincia marítima le dieran cuenta inmediatamente del hallazgo de algún náufrago. También ordenó a los ayudantes de Castellón y Vinaroz que le remitieran una relación de las embarcaciones perdidas a causa del temporal.[68]
El 8 de febrero, el capitán general remitió a la marquesa de Squilache, como presidenta de la Junta de Damas de la Cruz Roja, una detallada relación de los muertos en los naufragios de Peñíscola, indicando las familias que dejan los fallecidos. Simultáneamente, los estudiantes de la ciudad de Valencia, comenzaron a postular por las calles consiguiendo una recaudación de 600 pesetas. A estos les acompañaban en la postulación los artistas y los gerentes de los teatros de Valencia, y la banda municipal, cedida por el ayuntamiento. Los estudiantes prosiguieron en los días siguientes la recaudación que ascendió a un total de 1.045 pesetas.[69]
Para canalizar todo este movimiento popular, y bajo la presidencia del señor gobernador civil de Castellón, ese mismo día, se reunieron autoridades con objeto de estudiar y coordinar los medios para socorrer a las víctimas. Para ello se nombró una comisión ejecutiva compuesta por, el señor gobernador civil, el diputado por el distrito de Vinaroz, los directores de los periódicos de la capital, un representante del ejército, un funcionario de Hacienda y otro del gobierno civil, un representante del clero, el delegado de la Cruz Roja, un propietario y un comerciante. Se establecieron las acciones a realizar, tales como: fomentar la suscripción pública y popular ya iniciada, realizar funciones en el teatro Principal, solicitar la suscripción en cada uno de los centros oficiales, parroquias, ayuntamientos, juzgados y círculos de recreo, realizar una cabalgata de postulación, y por último, una misa funeral en Santa María, con mesas petitorias. Para llevar a cabo todas estas acciones, se establecieron las comisiones de fiestas, de suscripción, de funeral y de postulación.[70]
El 10 de febrero, el ayudante de Marina de Vinaroz, se personó en Peñíscola para dar el pésame á las familias de los náufragos en nombre del Rey.[71]
El 11 de febrero se recibió un donativo de Don Jaime Sanz (conocido como el ruso), hijo de Peñíscola que residía en Odessa, girando 700 pesetas. Posteriormente, se recibió otro donativo de 100 pesetas de un peñiscolano, residente en Calahorra, llamado Vicente Boix. El propio capitán general, recibió 250 pesetas de una persona que no quiso revelar su nombre.[72]
Ese mismo día, llegaron a Vinaroz los estudiantes de Valencia, desde donde marcharon a Peñíscola para entregar el dinero recaudado. Al día siguiente, el alcalde de Peñíscola, remitió un oficio al gobernador civil dando cuenta de la visita de la Comisión de estudiantes de Valencia y del reparto entre los damnificados de varias ropas y 1.045 pesetas.[73]
En el correo de la noche del 11, llegó también a Vinaroz el Ayudante de campo del Capitán general de Valencia, con encargo de distribuir 5.225 pesetas, de acuerdo con la Comisión de la Cruz Roja de Vinaroz. Dicho donativo procedía, exceptuando 500 pesetas añadidas del bolsillo particular, de la Sra. Marquesa de Squilache, Presidenta de la Junta Nacional de Damas de la Cruz Roja. El reparto se hizo en la Alcaldía de Peñíscola, ante las Autoridades de la localidad por el señor Liniers, capitán ayudante, comisionado por el señor capitán general de Valencia y del Sr. Presidente de la Comisión de Vinaroz.[74]
Este primer reparto se realizó teniendo en cuenta el número de individuos de cada familia, concretamente el número de fallecidos y el número de huérfanos, siendo los beneficiarios los siguientes:
“Ramona Cabanes Martorell, Vicenta Cubells Albiol, Rosa Arenós Coll, Agustín Martorell Ayza, Antonia Guzmán Navarro, Juan Serrat Salvador, Rosa Ferreres Arenós, Rosa Coll Pedra, Rosario Roig Ayza, Antonio Albiol Miralles, Vicente Guzmán Ayza, Manuel Gilabert Ayza, María Oms Coscollano, Teresa Castell Martín, Valentina Navarro Ayza, Francisca Martorell Pedra, Agustín Roig Bayarri, Josefa María Guzmán Ayza, Antonia Salvador Cabanes, María Oms Bayarri, Bautista París Salvador, Manuel Castell Sanz, Teresa Comes Sastrigues (de Benicarló).”[75]
Según un periodista, “…las lágrimas de agradecimiento iban confundidas con las de dolor…”
En la zona de Castellón, se iniciaron comisiones para postular por los pueblos de Almazora, Burriana, Villarreal, Nules, Onda y Vall de Uxó.[76]
La Comisión de Damas de Vinaroz (Cruz Roja), acordó visitar los pueblos cercanos para pedir por las víctimas. Visitaron Alcanar y luego siguieron por Traiguera, Calig, San Jorge, Cervera, La Jana, Chert y Santa Magdalena, consiguiendo recaudar 92 pesetas y 10 céntimos.[77]
Otra institución que se movilizó fue la Junta provincial de «La Liga Marítima», dirigiendo una circular a los socios de la misma, invitándoles a que contribuyesen cada uno con la cuota mínima de 5 pesetas. Asimismo, dirigió a las juntas locales otra circular solicitando relaciones detalladas de los náufragos que perecieron, pertenecientes a sus respectivos pueblos.[78]
El 21 de febrero, el comandante de Marina de Valencia, se personó en Vinaroz y Peñíscola para repartir entre las familias de los náufragos, las cantidades remitidas por el Rey y las recaudadas en la comandancia.[79]
Tras el reparto, el mismo comandante de marina, remitió un telegrama que decía textualmente:
“Autoridades de Peñíscola, personas muy significadas y el vecindario, agradecidos a los caritativos sentimientos del Rey, me encargan exprese también la tradicional y leal adhesión que sienten de antiguo por la dinastía”.[80]
No hay constancia del reparto de más socorros hasta el 27 de abril. En esta ocasión el organismo encargado del reparto fue la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación, de Barcelona. Estos socorros estaban destinados a los familiares de las víctimas correspondientes a la comandancia de marina de Barcelona. Gracias a este reparto se sabe el nombre de los 13 peñiscolanos fallecidos en Barcelona. Los beneficiarios fueron:
“Náufrago José Blasco Guzmán, fallecido, náufrago Bautista Blasco Guzmán, fallecido, á su madre María Guzmán Aixa, de cincuenta y siete años de edad, por haber perdido dichos dos hijos. Náufrago Jaime Guzmán Roig, fallecido, á su madre Agustina Roig, de sesenta años. Náufrago Marcos Aixa Sans, fallecido, á sus padres Marcos Aixa Castells y Rosa Sans Martínez. Náufrago Vicente Castells Homs, fallecido, á sus padres Vicente Castells Sans y María Homs. Náufrago Eusebio París Salvador, fallecido, á sus padres Bautista París y Antonia Obiol, por su parte y aumento correspondiente á una hermana. Náufrago Antonio Salvador Albiol, fallecido, náufrago Antonio Salvador Castells, fallecido; náufrago Vicente Salvador Castells, fallecido, náufrago Alberto Salvador Castells, fallecido, náufrago José Salvador Castells, fallecido, a Dolores Castells Simó, viuda de Antonio Salvador Albiol, por su parte de viuda y aumento correspondiente á tres hijos menores y por sus cuatro hijos difuntos.
Teniendo en cuenta que Antonia Salvador y Francisca Martorell Pedro, madre la primera de Manuel Bayarri Salvador, fallecido, y viuda la segunda de Antonio Guzmán Roig, también difunto, residen actualmente en Peñíscola, se resolvió enviarle las cantidades que les están asignadas por mediación del señor alcalde de dicha población, teniendo en cuenta que esta última tiene tres hijos menores.”[81]
El 29 de octubre, se procedió a un nuevo reparto de las cantidades recaudadas en la provincia de Castellón por suscripción popular. De este reparto, se levantó acta que fue firmada por el delegado por el gobernador civil, el diputado provincial don Manuel Febrer, y por las autoridades locales concurrentes al acto. El reparto se realizó, teniendo en cuenta el número de fallecidos y los huérfanos, ascendiendo a 8.237,12 pesetas el total repartido.
Los beneficiarios fueron los siguientes:
“Ramona Cabanes Martí, viuda de Tomás, por ella y una hija, tres partes. Vicenta Cubells, viuda y madre de los Romualdos y tres hijos menores, seis partes. Rosa Arenós Coll, viuda de Mateo Esbrí, por ella y una hija, tres partes. Agustín Martorell Ayza, padre de Francisco Martorell, por él y su esposa, dos partes. Antonia Guzmán Navarro, viuda de Antonio París, por ella y dos hijos, cuatro partes. Juan Serrat Salvador, padre de Miguel Serrat, por él y su esposa, dos partes. Rosa Ferreres, viuda de Pascual Oms Salvador, dos partes. Rosa Coll Pedro, viuda de Agustín Guzmán, por ella y tres hijos, cinco partes. Rosa Roig Ayza, madre de Marcelino Albiol Roig, por ella y un hermano, dos partes. Antonio Albiol Miralles, padre de Vicente Albiol, por él y su esposa, dos partes. Vicente Guzmán Ayza, padre de Jaime Guzmán, por él y su esposa, dos partes. Manuela Gilabert Ayza, viuda y madre, respectivamente de Gabriel Guzmán y Miguel López, (prohijado por ella) y tres hijos, seis partes. María Oms Coscollano, viuda de Vicente Guzmán, por ella y dos hijos, cuatro partes. Teresa Castell Martín, viuda de Antonio Ayza, por ella y un hijo, tres partes. Juan Tomás Magó, padre de Vicente Tomás Castell, por él y su esposa, dos partes. Valentina Navarro Peris, viuda de Tomás Guzmán Ayza y madre de Tomás, Antonio y Justo Guzmán Navarro, por ella y tres hijos, ocho partes. Agustina Roig, madre de Jaime Guzmán Roig, una parte. Vicente Castell Sanz, padre de Vicente Castell Oms, por él y su esposa, dos partes. Francisca Martorell Pedra, viuda de Antonio Guzmán Roig, por ella y tres hijos, cinco partes. Marcos Ayza Castell, padre de Marcos Ayza Sanz, por él y su esposa, dos partes. Antonia Salvador Cabanes, madre de Manuel Bayarri Salvador, una parte. Bautista Peris Salvador, padre de Eusebio Peris Albiol, por él y su esposa, dos partes.”[82]
Hasta este momento, las familias habían recibido puntualmente algunas ayudas. Unas veces cobraban unos y otras veces cobraban otros, debido básicamente al ámbito territorial del organismo gestor y a las relaciones de damnificados remitidas por cauces diferentes.
Pero aún faltaba la ayuda del gobierno, que sin duda, fue la más cuantiosa, y que nadie quería perderse.
A finales de diciembre de 1912, el gobernador civil de Castellón, recibió un telegrama del subsecretario de Gobernación en el que se le participaba la asignación de 40.000 pesetas para repartirlas entre las familias de los fallecidos. A continuación, el gobernador trasladó la noticia a los alcaldes de Peñíscola, Benicarló, Vinaroz y Castellón.[83]
El dinero no se entregó hasta el 7 de abril de 1913. Los alcaldes de Castellón, Vinaroz, Benicarló y Peñíscola, se personaron en el gobierno civil para recoger el dinero cuyo reparto fue el siguiente: a Vinaroz, le correspondieron 4.000 pesetas; a Peñíscola, 31.660 pesetas; a Benicarló, 1.400; y a Castellón, 2.460 pesetas. Las 480 pesetas que faltan, se ingresaron en la Hacienda pública, como pago del 1,20 por ciento por pagos al Estado.[84]
El polémico reparto
De todos los medios de comunicación escritos, hubo uno en especial que hizo un seguimiento minucioso a todo lo que aconteció tras el reparto de esta última ayuda, la más cuantiosa, entregada dos años más tarde de producirse la tragedia. Este medio fue «El Litoral» de Benicarló, un semanario que se publicaba los domingos.
Este medio se hizo eco de una queja ante el Gobernador Civil de Castellón, formulada por dos viudas de marineros de Peñíscola:
“Parece ser que la junta encargada de repartir la suma entregada por el señor Gobernador al alcalde de Peñíscola a favor de los damnificados por los temporales de mar en esta costa en febrero de 1911, no la ha repartido con la equidad y justicia que el caso requiere; lo cual aunque en un principio nos resistíamos a creerlo, parece tenga visos de confirmación por la visita que una comisión de viudas de Peñíscola ha hecho al señor Gobernador para formularle la correspondiente queja. (…) Según se dice el alcalde de Peñíscola no le ha satisfecho la visita de las viudas al señor Gobernador de que ya en otro lugar damos cuenta por cuanto a una de ellas le ha impuesto una multa de quince pesetas. Este acto llama mucho la atención y muy bien lo creemos digno de que se tome en cuenta tal represalia.”[85]
De hecho, como consecuencia de esta protesta y la presión de los medios, el 7 de agosto de 1913, el gobernador civil designó al secretario de Benicarló, don Juan José Montón Julián, nombrado a modo de fiscal interviniente, para que instruyese un expediente informativo al objeto de depurar responsabilidades.[86]
El alcalde de Peñíscola por esas fechas, según la prensa, venía realizando continuamente “desmanes” contra Valentina Navarro París (de la familia guzmán que perdió a marido y tres hijos) y María Oms Coscollano (viuda de Sigró y sobrina política de Valentina), que fueron las viudas que protestaron ante el Gobernador.[87]
Posteriormente, otro medio escrito, realizó una dura crítica del reparto encaminada a comparar lo cobrado por los “patronos”, es decir, los propietarios de las barcas, y los “asalariados”, o lo que es lo mismo, las familias de los marineros fallecidos. Los primeros cobraron 26.600 pesetas, mientras que los segundos 5.000 pesetas.[88]
El texto publicado, incluidas las cantidades recibidas, decía así:
“Es la irritante desigualdad que provoca las actuales tempestades sociales la que crispa los puños de los desventurados peñiscolanos. Los patronos, por la pérdida de las herramientas perciben 26.600 pesetas. Los asalariados, los que tripulan esas barcas, 21 muertos que dejan 19 familias desamparadas, perciben solamente 5.000.
¿Puede tolerarse semejante falta de equidad? ¿Puede consentirse que por miras que a todos se alcanzan perdure injusticia semejante? ¿Es para eso para lo que las personas caritativas han aportado su óbolo?
¿Acaso los donantes entregaron el dinero para pagar barcas a los patronos o para remediar la indigencia, para consolar la orfandad, para mitigar las lágrimas de las familias de los que habían perdido la vida sepultados en el mar?
Para demostrar las injusticias que se han cometido en el reparto inserta la lista de los nombres de los perceptores con las cantidades y causa porque son cobradas la cual nos complacemos en copiar para conocimiento de nuestros lectores.
Reparto
Vicente Guzmán Ayza, perdió una barca y otra embarrancada. En la actualidad va al mar. Le han entregado 6.267,89 pesetas. Manuel Albiol Castell, perdió una barca. Le han entregado 4.122,91 pesetas. Manuel Beltrán Vizcarro, perdió una barca. Le han entregado 2.998,50 pesetas. Ramona Cabanes Martorell, perdió una barca. Le han entregado 2.988,30 pesetas. Perdió también los enseres de la barca. José Caseni Ayza, perdió una barca. Le han entregado 1.978,22 pesetas. Ramón Guzmán Blasco, perdió una barca el 15 de enero del mismo año. Le han entregado 400 pesetas. Agustín Albiol Balaciart, le entregaron 50 pesetas. Tiene muchos bienes de fortuna. Agustín Llorens Blasco, le entregaron 75 pesetas. No sufrió ninguna avería y tiene muchos bienes de fortuna. Ramón Drago Galán. Sufrió averías. Le han entregado 200 pesetas. Gaspar Subirats Pedra, no sufrió ninguna avería. Le han entregado 250 pesetas. Miguel Beltrán Vizcarro, sufrió una avería el 15 de enero en el puerto de Castellón. Le han entregado 400 pesetas. Juan Albiol Castell, sufrió averías. Le han entregado 400 pesetas. José Guzmán Balaciart, no sufrió ninguna avería. Le han entregado 50 pesetas. Manuel Beltrán Ayza, no sufrió ninguna avería. Le han entregado 125 pesetas. Vicente Guzmán Ayza, perdió un hijo. Le entregaron 277,75 pesetas. Antonio Ayza Guzmán, perdió un hijo casado y su esposa tiene un hijo. Según el recibo ha recibido 277,77 pesetas. María Oms Coscollana, perdió su marido, tenía un hijo pero murió antes del reparto. Le han entregado 277,77 pesetas según el recibo. Juan Surat Salvador, perdió un hijo. Le han entregado 277,77 pesetas, según recibo. Rosa Ferreres Arenós, lo mismo que el anterior, perdió su marido. Juan Tomás Drago, perdió un hijo, recibiendo lo mismo que la anterior. Manuela Gilabert Ayza, perdió su marido y un niño, quedándole tres hijas. En el recibo constan 694,44 pesetas. Rosa Coll Pedra, perdió su marido quedándole tres hijos. Consta en el recibo que recibió 694,44 pesetas.
Rosario Roig Ayza, perdió un hijo. Recibió 277,77 pesetas, según recibo. Rosa Arenós Coll, perdió su marido y tiene una hija. Según el recibo recibió 555,45 pesetas. Agustín Martorell Ayza, perdió un hijo y la ropa de otro. Consta en el recibo 327,27 pesetas. Antonia Guzmán Navarro, perdió su marido, quedándole dos hijas. Consta en el recibo 555,55 pesetas. José Antonio Albiol, perdió un hijo. Consta en el recibo 277,77 pesetas. Vicenta Cubells Albiol, perdió su marido y un hijo quedándole tres hijos y constan en el recibo 833,34 pesetas. Valentina Navarro París, perdió su marido y tres hijos quedándole dos hijos menores y una hija de 17 años. Consta en el recibo que recibió 972,21 pesetas. A 27 marineros que perdieron la ropa, constan en los recibos 50 pesetas para cada uno.
Pide la anulación del reparto debiendo proceder seguidamente a la devolución de las cantidades recibidas para distribuirlas equitativamente y será entonces cuando las autoridades sabrán la verdad de lo ocurrido.
Termina nuestro colega pidiendo justicia y equidad para las víctimas de la catástrofe de Peñíscola.
Nosotros nos asociamos y convenimos en lo que dice «El Clamor» de Castellón y como él pedimos a las autoridades justicia y equidad para los desgraciados que perdieron sus vidas en el temporal de febrero de 1911, depurando responsabilidades si las hay y que se castigue al que sin conciencia ha obrado a capricho de su egoísmo.
Ha sido terminado el expediente de Peñíscola y remitido al señor gobernador civil.”
Fruto del expediente, y de la presión ejercida por los medios escritos, se dio la noticia el 9 y 10 de septiembre, de la suspensión del alcalde de Peñíscola.[89]
El día 11 de septiembre, se reunió el ayuntamiento de Peñíscola para dar cumplimiento a una providencia del gobernador. Ésta, ordenaba la suspensión del alcalde y la entrega de la vara al teniente de alcalde, a quien le correspondía legalmente. El problema surgió porque el teniente de alcalde se hallaba suspenso de empleo, aunque ya se sabía que el ministro había resuelto en su favor, y por lo tanto, tan sólo faltaba la entrega de la resolución favorable al interesado, para que éste reanudara sus funciones. Ante esta circunstancia, se entregó la vara de la alcaldía al segundo teniente de alcalde. El público que asistió á la sesión protestó, y al salir á la calle, frente a la Casa Consistorial, repitió las muestras de desagrado a dicho teniente de alcalde. Los medios se hicieron eco de la noticia publicándola como “un pueblo amotinado”. [90]
Para evitar algún tipo de desorden, las autoridades enviaron a Peñíscola un refuerzo de la Guardia Civil. Todo quedó solucionado al día siguiente cuando, tras una nueva reunión del ayuntamiento, se nombró alcalde al teniente de alcalde, volviendo posteriormente la Guardia Civil a sus puestos, una vez restablecida la tranquilidad.[91]
Según actas del ayuntamiento de Peñíscola, resulta que el alcalde destituido fue D. José Llopis Simó. A continuación se nombró al segundo teniente de alcalde D. Rafael Llopis Fulladosa, como alcalde accidental. Finalmente, y como consecuencia de un despacho del gobernador, se nombró definitivamente como alcalde accidental a D. Francisco Esbrí Albiol, el cual era primer teniente de alcalde.[92]
Posteriormente, la prensa se hace eco de un edicto publicado en el Boletín Oficial, en el que se dice:
“Don Pedro de Benito y Varela, Juez de instrucción de la ciudad de Vinaroz y su partido. Por el presente edicto, se hace saber: Que en el sumario que me hallo instruyendo sobre malversación de caudales públicos, ha acordado, por providencia de hoy, insertar el presente edicto en el Boletín Oficial de la provincia, haciéndose saber a cuantos estén o se consideren perjudicados por el reparto de socorros a los damnificados por los temporales marítimos de mil novecientos once, en este año, verificado en la ciudad de Peñíscola, de la cantidad otorgada por el Gobierno de la nación que puedan acudir a declarar ante este juzgado cualquier día hábil, a las once horas, para ofrecerles las acciones civiles y penales en dicho sumario que desde luego se les ofrecen. Dado en Vinaroz a ocho de septiembre de mil novecientos trece.
P. de Benito.
Por mandato de su señoría: Sebastián Guarch Molinos”.[93]
A la semana siguiente, la prensa publica un intento de mediación, ante el Gobernador, por parte de familiares del alcalde destituido:
“El señor alcalde de Peñíscola el lunes último visitó al señor Gobernador ofreciendo al Sr. Teodoro Izquierdo sus respetos. También visitó a la autoridad gubernativa una comisión de liberales de Peñíscola compuesta de tres sobrinos del ex alcalde, Rafael Llopis, Mateo Llopis y Agustín Ayza, y dos marineros, Agustín Lores y Agustín Guzmán, que nada perdieron en el temporal de 1911 y que han percibido dinero. Como es de suponer estos señores dirían al señor gobernador su disconformidad por la destitución de su pariente, amontonando algunos cargos, por supuesto falsos, sobre el actual alcalde Francisco Esbrí.
El alcalde de Peñíscola ha sido suspendido de cargo por los cargos que contra él mismo resultan del reparto de socorros de que tanto se ha ocupado estos días antes la prensa. Ha sido nombrado en sustitución el primer teniente de alcalde don Francisco Esbrí Albiol.”[94]
Un mes más tarde, a mediados de octubre, el alcalde de Peñíscola fue procesado y encarcelado como máximo responsable, por ser el presidente de la Junta repartidora, exigiéndole el juez una fianza de cinco mil pesetas en metálico y quince mil en bienes.[95]
Lo que pudo pasar a continuación, carece de cualquier interés.
Consecuencias de la catástrofe
Las consecuencias que se desprenden de esta catástrofe son numerosas. Unas fueron inmediatas, y otras, a medio y largo plazo.
A partir de esta fecha, y hasta la construcción del puerto-refugio de Peñíscola en el año 1922, hubo un éxodo continuo de barcas que buscaban refugio en poblaciones que disponían de puerto. Ello implicaba que, en la mayoría de los casos, tras la barca, emigraban marineros y sus familias al completo. Muchas de ellas no volvieron jamás a Peñíscola, quedando así descendientes de peñiscolanos en Vinaroz, Castellón, Barcelona, Palamós, Puerto de Santa María, etc.
Consecuencia de los naufragios, el estado obligó a este tipo de embarcaciones a poner una cubierta para poder dar protección a los tripulantes ante grandes temporales, si bien, algunas barcas más nuevas ya la llevaban, aunque no todas.
Otra consecuencia fue un aumento en la compraventa de barcas. La titularidad de algunas barcas que naufragaron, o que sufrieron averías, y que fueron reparadas, pasaron a propiedad de las viudas, en los casos en que el titular había fallecido. Algunas de ellas, vendieron sus barcas posteriormente. Unas veces a familiares directos, y otras, a propietarios de otras poblaciones.
Otro hecho a destacar fue que, socialmente, la catástrofe repercutió en la configuración familiar. Algunas viudas, sin recursos para sacar adelante a sus hijos huérfanos, se volvían a casar. En algunas ocasiones, el nuevo matrimonio se realizaba entre viudo con hijos y viuda con hijos, surgiendo así de este matrimonio nuevos hijos.
Pero no todas las viudas se vieron en esta necesidad. En la mayoría de ocasiones, estas viudas, eran arropadas por familiares próximos, e incluso por vecinos.
Pese a que los medios de comunicación dramatizaban constantemente, respecto a la situación de miseria en la que quedaban las familias, aunque había bastante necesidad, ésta no era tan imperiosa. Como se ha visto, se percibieron bastantes socorros. Tampoco consta que el ayuntamiento tuviese que aportar ayudas o socorros a ningún familiar de los fallecidos, ya que, revisados los libros de cuentas del Ayuntamiento de Peñíscola del año 1911, resulta que, de la partida existente para beneficencia, tan sólo se entregaron puntualmente pequeñas cantidades a ancianas que eran “pobres de solemnidad”, y ninguna de ellas era madre o viuda de marineros fallecidos.
En las actas del ayuntamiento correspondientes a las sesiones del período 1911 a 1913, tampoco consta ningún acuerdo en este sentido.
Tampoco fue necesario el internamiento de ningún huérfano en el Asilo Naval Español, concretamente, tal y como ocurrió tras el temporal de diciembre de 1883, en el que se llevó a cabo el internamiento de cuatro huérfanos de marineros de Peñíscola.[96]
El Asilo Naval Español, en funcionamiento desde 1877, se hacía cargo de los huérfanos de marineros fallecidos. Era una especie de albergue para desvalidos, en el que gracias a la desinteresada colaboración de la Junta de Damas, se instruía a los huérfanos en doctrina, aritmética, escritura, lectura, manejo de bote y maniobras.
Otra gran consecuencia de la catástrofe, fue la construcción del puerto-refugio de Peñíscola, cuya primera piedra se colocó el 7 de septiembre de 1922. A su conclusión, se observaron grandes deficiencias, lo que ocasionó, una posterior remodelación del puerto pesquero, ya que, sobre el diseño inicial, tuvieron que realizarse varias obras de mejora. Ello se debió a que, si bien la escollera protegía a las embarcaciones de los temidos temporales de Levante, no ofrecía la misma protección contra las corrientes constantes del sur, por lo que se producía una incesante acumulación de arena, dejando el puerto prácticamente como un varadero. Esto ocasionó muchas incomodidades a la flota. De hecho, hubo muchas quejas al respecto, las cuales se publicaron en la prensa. Como ejemplo de éstas, se pueden citar las de D. Ismael Roca Llopis (maestro nacional de Peñíscola)[97], o la de D. José Royo y Gómez (geólogo, profesor del Museo de Ciencias Naturales).[98]
Posteriormente, el establecimiento del servicio de náufragos de Peñíscola, supuso otra garantía para los marineros. Este servicio no tuvo que realizar ningún salvamento de importancia. La Junta Local de Salvamento de Náufragos de Peñíscola, se constituyó el 24 de julio de 1927. [99]
Finalmente, otro hecho significativo que favoreció la drástica reducción de este tipo de calamidades, fue la inclusión sucesiva de motores en las barcas. Esta mejora se originó inicialmente en Cataluña, y a partir de mediados de 1925, se hicieron los primeros ensayos en Vinaroz.
A principios de invierno, cuatro embarcaciones locales iniciaron la pesca con este nuevo sistema de tracción. Las cantidades de capturas dieron lugar a que, en el año siguiente, la mayoría de armadores motorizaran sus barcas.[100] En Peñíscola los primeros motores se instalaron en 1926. Esta motorización debía ser inicialmente apoyada por la vela. A medida que se instalaron motores de mayor potencia, desaparecieron para siempre los trágicos naufragios colectivos… y de nuestro horizonte las velas.
[1] Periódico «El Liberal», 17/01/1911.
[2] Periódico «La Correspondencia de España», 17/01/1911, Periódico «El Siglo Futuro», 19/01/1911.
[3] Semanario «El Litoral», (Benicarló), 07/09/1913.
[4] Ayudantía de Marina de Vinaroz, Registro de Embarcaciones, lista 3ª, fol. 1172.
[5] Periódico «El Imparcial», 18/01/1911.
[6] Periódico «La Vanguardia», 18/01/1911.
[7] Juzgado de Paz de Peñíscola, Registro de Defunciones, t. 22, fol. 100 (21/01/1911).
[8] Semanario «El Litoral», (Benicarló), 07/09/1913.
[9] Ayudantía de Marina de Vinaroz, Registro de Embarcaciones, lista 3ª, fol. 950.
[10] Periódico «Diario de Barcelona», 04/02/1911. Periódico «El Clamor», 04/02/1911. Revista semanal «La Ilustración Artística», 13/02/1911.
[11] Periódico «La Correspondencia de España», 07/02/1911.
[12] Periódico «El Liberal», 03/02/1911.
[13] Periódico «El Imparcial», 02/02/1911.
[14] Periódico «El Diario de Tarragona», 05/02/1911.
[15] Periódico «Heraldo de Castellón», 15/04/1913.
[16] Ayudantía de Marina de Vinaroz, Registro de Embarcaciones, lista 3ª, fol. 1019.
[17] Ayudantía de Marina de Vinaroz, Registro de Embarcaciones, lista 3ª, fol. 775.
[18] RODRIGUEZ FERNANDEZ, Antonio: «La història del servei de salvament de nàufrags a Vinaròs (1881-1966),i referències al Servei de Salvament a Castelló de la Plana (1911-1926)». (Vinaroz, 2009), Associació Cultural “Amics de Vinaròs”
[19] Periódico «El Imparcial», 18/01/1911.
[20] Periódico «El Clamor», (Castellón), 03/02/1911.
[21] Periódico «La Provincia», (Castellón), 06/02/1911.
[22] Periódico «La Provincia», (Castellón), 06/02/1911.
[23] Periódico «El Restaurador», 03/02/1911.
[24] Periódico «El Clamor», (Castellón), 06/02/1911.
[25] Periódico «La Provincia», (Castellón), 06/02/1911.
[26] Periódico «La Provincia», (Castellón), 04/02/1911.
[27] Periódico «El País», 05/02/1911.
[28] Periódico «La Época», 04/02/1911.
[29] Periódico «El País», 03/02/1911.
[30] Periódico «El heraldo de Madrid», 14/02/1911.
[31] Real Orden de 29 de enero (D.O. núm. 28).
[32] Periódico «La Provincia», (Castellón), 06/02/1911.
[33] Periódico «La Provincia», (Castellón), 06/02/1911.
[34] Periódico «El Clamor», (Castellón), 06/02/1911.
[35] Periódico «El Clamor», (Castellón), 06/02/1911.
[36] Periódico «La Provincia», (Castellón), 06/02/1911.
[37] Periódico «El Restaurador», 08/02/1911.
[38] Periódico «El Heraldo de Madrid», 02/02/1911.
[39] Periódico «La Correspondencia de España», 05/02/1911.
[40] Periódico «El Siglo Futuro», 06/02/1911.
[41] Periódico «El Clamor», (Castellón), 07/02/1911.
[42] Periódico «El Restaurador», 03/02/1911.
[43] Ayudantía de Marina de Vinaroz, Registro de Embarcaciones, lista 3ª, fol. 775.
[44] Periódico «El Imparcial», 02/02/1911.
[45] Ayudantía de Marina de Vinaroz, Registro de Embarcaciones, lista 3ª, fol. 639.
[46] Ayudantía de Marina de Vinaroz, Registro de Embarcaciones, lista 3ª, fol. 1136.
[47] Periódico «El Restaurador», 03/02/1911.
[48] Periódico «La Vanguardia», 07/02/1911.
[49] Periódico «La Correspondencia de España», 07/02/1911.
[50] Periódico «La Vanguardia», 12/05/1911.
[51] Periódico «La Vanguardia», 08/02/1911.
[52] JPM.: Fundació Josep Irla. Biografies. Hilari Salvadó i Castell.
[53] Periódico «La Provincia», (Castellón), 04/02/1911.
[54] Ayudantía de Marina de Vinaroz, Registro de Embarcaciones, lista 3ª, fol. 1071.
[55] Periódico «La Época», 21/02/1911.
[56] Periódico «El Clamor», (Castellón), 21/02/1911.
[57] Periódico «La Correspondencia de España», 21/02/1911.
[58] Periódico «El Norte», 22/02/1911.
[59] Periódico «La Correspondencia de España», 25/12/1912.
[60] Periódico «La Correspondencia Militar», 06/02/1911.
[61] Periódico «El Clamor», (Castellón), 06/02/1911.
[62] Periódico «La Provincia», (Castellón), 06/02/1911.
[63] Periódico «El Heraldo de Madrid», 04/02/1911.
[64] Periódico «El Clamor», (Castellón), 04/02/1911.
[65] Periódico «Diario de Tortosa», 06/02/1911.
[66] Periódico «El Clamor», (Castellón), 06/02/1911.
[67] Periódico «La Correspondencia de España», 07/02/1911.
[68] Periódico «La Provincia», (Castellón), 08/02/1911.
[69] Periódico «La Época», 09/02/1911.
[70] Periódico «La Provincia», (Castellón), 09/02/1911.
[71] Periódico «La Correspondencia de España», 11/02/1911.
[72] Periódico «El Restaurador», 17/02/1911.
[73] Periódico «El Clamor», (Castellón), 14/02/1911.
[74] Periódico «El Restaurador», 15/02/1911.
[75] Periódico «El Restaurador», 15/02/1911.
[76] Periódico «El Clamor», (Castellón), 14/02/1911.
[77] Periódico «El Restaurador», 15/02/1911.
[78] Periódico «El Clamor», (Castellón), 18/02/1911.
[79] Periódico «La Vanguardia», 22/02/1911.
[80] Periódico «La Correspondencia de España», 24/02/1911.
[81] Periódico «La Vanguardia», 28/04/1911.
[82] Periódico «El Heraldo de Castellón», 22/11/1911.
[83] Periódico «La Correspondencia de España», 25/12/1912.
[84] Periódico «El Imparcial», 08/04/1913. Periódico «La Vanguardia», 08/04/1913. Semanario «El Litoral», (Benicarló), 13/04/1913.
[85] Semanario «El Litoral», (Benicarló), 20/04/1913.
[86] Semanario «El Litoral», (Benicarló), 10/08/1913
[87] Semanario «El Litoral», (Benicarló), 03/08/1913.
[88] Periódico «El Clamor», (Castellón), 02/09/1913.
[89] Periódico «El Heraldo de Madrid», 09/09/1913. Periódico «La Correspondencia de España», 10/09/1913. Periódico «La Vanguardia», 10/09/1913.
[90] Periódico «La Vanguardia», 12/09/1913.
[91] Periódico «La Correspondencia de España», 13/09/1913. Periódico «El Globo», 13/09/1913
[92] Archivo Municipal de Peñíscola, Libro de Actas de 1913, actas de 11, 12 y 13 de septiembre.
[93] Semanario « El Litoral», (Benicarló), 14/09/1913.
[94] Semanario « El Litoral», (Benicarló), 21/09/1913.
[95] Periódico «El Globo», 14/10/1913. Periódico «El Día», 15/10/1913. Semanario «El Litoral», (Benicarló), 19/10/1913.
[96] Periódico «La Vanguardia», 29/01/1884.
[97] Periódico «El Sol», 15/03/1927.
[98] Periódico «El Sol», 27/11/1930.
[99] RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Antonio: «La Historia de Peñíscola en el servei de salvament de naufrags (1927-1971) ». Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, Tomo LXXIII, Octubre-Diciembre 1997, Cuad. IV.
[100] PLANAS, A.; VIVES, F.; SUAU, P.: «La pesca de arrastre». (1955). Inv. Pesq. Tomo II, p.p. 33 a 54.
Vicente Oms Llaudís
Artículo publicado en el suplemento especial 1 de la revista cultural Peñíscola, (diciembre – 2011)

