Quizás este título pueda suscitar entre los lectores asombro, perplejidad, o simple curiosidad. No más lejos de la realidad, Juan José Febrer Ibáñez en su libro «Peñíscola. Apuntes históricos» así lo afirma con rotundidad, titulando un pasaje histórico como «TERREMOTO».
En realidad, la noticia no es de Febrer Ibáñez, sino del entonces notario de Peñíscola, D. Juan de Llaudís. Éste escribió unas notas, a las que tuvo acceso Febrer Ibáñez quien las citó en su libro en varias ocasiones, y que en la actualidad se encuentran desaparecidas. El pasaje titulado dice así:
«En 4 de Junio de 1755, día de San Alejandro obispo y mártir, a la una de la madrugada del miércoles, tuvo lugar un terremoto, y de sus resultas, se desprendió del baluarte de los Faroles o Farones, un gran peñasco, arrastrando una garita que allí había, cuyo peñasco se ve sobresalir bastante en el mar a pesar de la profundidad: su caída causó pasmo a los vecinos por el gran estruendo que al caer produjo, y añade esta nota que es del notario D. Juan de Llaudis “y todavía se esperan otros desprendimientos si Dios y la Virgen Ermitana no nos asiste con su gracia, pues amenaza ruina lo que queda”.»1
No es cuestión de poner en duda la importante obra de Febrer Ibáñez, recientemente reeditada, pero sí de matizar pequeños aspectos que pueden llevar a interpretaciones erróneas.
Personalmente, hace algún tiempo, al leer el mencionado pasaje histórico, tuve curiosidad por saber más, y me puse a investigar. Se trataba de un hecho lo suficientemente trascendente como para que hubiese algún tipo de constancia documental, aparte de la referencia realizada por Febrer Ibáñez sobre unas anotaciones hoy desaparecidas.
Tras realizar una consulta a la base de datos del Instituto Geográfico Nacional, organismo dependiente del Ministerio de Fomento, cuyo objetivo era saber si existía constancia de algún fenómeno sismológico registrado en esa fecha, 4 de junio de 1755, se comprobó que no existe ninguno para esa fecha.
Curiosamente, sí que existe un terremoto de magnitud X cuyo epicentro se situó en el Cabo de San Vicente (sur de Portugal) y que se le conoce como el «terremoto de Lisboa», aunque ocurrido meses más tarde; concretamente el 1 de noviembre de 1755. Este terremoto fue devastador al producirse un tsunami de 15 metros de altura, lo que ocasionó 15.000 muertos.
En la Gobernación de Peñíscola este terremoto se sintió en magnitud III. De hecho existe un documento en el que se da cuenta de las anomalías detectadas el 1 de noviembre de 1755, y cuyo contenido se reproduce a continuación.2
PEÑÍSCOLA (Castellón)
Relación de lo acontecido en Peñíscola, y lugares de su Gobernación el día primero de noviembre de 1755, entre diez y once de la mañana, que fue cuando se percibió el terremoto en varias partes:
* En Peñíscola, bebiendo un hombre en los caños de la fuente, la que salía clara, reparó que en un instante se volvió roja y prosigue turbia, bien que dicha fuente, sin saber de dónde viene, brota en medio del mar, y sale dulce y sumamente cristalina.
* Se infiere que el terremoto causó esta novedad, porque no ha habido lluvias en Aragón que le pudiese causar, como sucede algunas veces cuando llueve en abundancia en dicho Reino, y porque sucedió a la misma hora que se experimentó en otras partes el referido terremoto.
* En Traiguera, que dista seis horas, me ha dicho un sacerdote que, estando en la Iglesia cantando la epístola, le pareció que se le andaba la cabeza, y al que cantó el evangelio que se le desvanecía la vista, y que todo rodaba.
* Cayó uno de los monacillos, y los capellanes del coro dicen que el facistol se movió, como así mismo consta que las lámparas se menearon por espacio de tres credos.
* En la Jana sucedió lo mismo.
* En Sn. Matheo [= Sant Mateu del Maestrat] se apercibió el mismo movimiento de las lámparas.
* En la Salsadella [= la Salzedella] aseguran que algunas mujeres en la Iglesia percibieron el terremoto, de manera que llegaban involuntariamente a tocarse unas a otras, y asimismo se percibió el movimiento y bamboleo de las lámparas.
* En Calig [= Càlig], los que estaban en la Iglesia, deponen haber visto que movían todas las lámparas.
* En Canet [= Canet lo Roig] sucedió lo mismo, y las mujeres se conmovieron lo bastante.
* En Alcora [= l’Alcora], predicando el Padre Félix Fabra, se movió con violencia el púlpito, de forma que se paró el sermón, y causó a los circunstantes espanto.
Estas novedades, y terremoto, sucedieron en los lugares de las Cordilleras de las montañas, y en los de Marina.
No se ha experimentado cosa particular.
Y, por la Misericordia de Dios, no ha sucedido en esta Gobernación desgracia ni caído edificio alguno.
Peñíscola, 15 de noviembre de 1755,
Don Gh. de Sentinanat y de Onís (?)
[Remitido por el Gobernador de Valencia, el 22-XI-1755].
Es posible que Febrer Ibáñez, confundiese o relacionase el hecho del terremoto con el derrumbe de la muralla, sin intención alguna, más aún cuando distan ambos hechos cinco meses, y sobretodo, teniendo en cuenta que Febrer Ibáñez escribió su libro en 1924. También extraña que en el pasaje narrado en el libro, no se haga mención expresa a ningún otro tipo de daño causado en otros edificios de la localidad, ni tampoco entre sus habitantes.
La sensación de terremoto aludido no es más que las mismas vibraciones que produjo el derrumbe. Primero se sintieron las vibraciones, que por propagarse a través de los cimientos pétreos de Peñíscola, se percibieron instantes antes que el sonido consecuencia del derrumbe.
Existe un documento que dota de veracidad al mencionado derrumbe. Se trata de un plano firmado por D. Carlos Beranger, fechado en Valencia a 18 de junio de 1755. Este plano iba acompañado de una carta de Carlos Beranger3 al Duque de Caylus (Gobernador de Valencia), fechada en Valencia, el 30 de junio de 1755. Los trabajos de reparación los llevó a cabo Juan Bautista Derretz (Derez)4. El título del plano es lo suficientemente indicativo.

«Plano del Baluarte de los Faroles que demuestra la ruina acahecida y asimismo la que es indispensable deje de suceder. »5
Referencias
(1) FEBRER IBÁÑEZ, J. J.: «Peñíscola. Apuntes históricos». Imprenta de hijo de J. Armengot. Castellón, 1924.
(2) Archivo Histórico Nacional (AHN.), Sección de Estado, legajo 3.173. Trascripción de Fernando Rodríguez de la Torre.
(3) Carlos Beranger y Renaud era hijo de un ingeniero militar francés que llegó a Cataluña con las tropas de Luis XIV durante la guerra de Sucesión, y quedó posteriormente al servicio de España dentro del Cuerpo de Ingenieros organizado por Verboom, llegando a ser Ingeniero Director de Valencia, con el grado de Brigadier, hasta su muerte en 1756.
(4) Nace en Belfort (Alsacia) el 25 de agosto de 1708 y fallece en Tortosa en julio de 1775. Pertenecía al cuerpo de Ingenieros y el 1 de enero de 1751, pasa a Valencia. Posteriormente se le encargan varios trabajos: reparos en la plaza de Peñíscola y castillo de Oropesa y en la ciudad de Valencia. Primero a las órdenes de Carlos Desnoeaus y después de Carlos Beranger.
(4) CAPEL SÁEZ, Horacio: « Los Ingenieros militares en España, siglo XVIII: repertorio biográfico e inventario de su labor científica y espacial ». Edicions Universitat Barcelona, 1983. pp. 144 y 145.
(5) Archivo General de Simancas (AGS.). Signatura: MPD, 68, 013. Ubicación Anterior: SGU, 03482
Vicente Oms LLaudís
Artículo publicado en la revista cultural Peñíscola, número 169 (abril – 2012)

